La plaga en Marsella

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  • La devoción de Monseigneur de Belsunce durante la plaga de Marsella en 1720.

    MONSIAU Nicolas André (1754-1837)

  • Vista del ayuntamiento y parte del puerto de Marsella durante la epidemia de peste de 1720.

    RIGAUD Jacques (1680-1754)

  • Vista del Cours de Marseille (boulevard de la Canebière) durante la epidemia de peste de 1720.

    RIGAUD Jacques (1680-1754)

La devoción de Monseigneur de Belsunce durante la plaga de Marsella en 1720.

© Foto RMN-Grand Palais (Museo del Louvre) / Thierry Le Mage

Vista del ayuntamiento y parte del puerto de Marsella durante la epidemia de peste de 1720.

© Foto RMN-Grand Palais (Palacio de Versalles) / Franck Raux

Vista del Cours de Marseille (boulevard de la Canebière) durante la epidemia de peste de 1720.

© Foto RMN-Grand Palais (Palacio de Versalles) / Franck Raux

Fecha de publicación: marzo de 2013

Contexto histórico

La peste que asoló la ciudad de Marsella en 1720 es una de las últimas manifestaciones de una ola de epidemias de la enfermedad que, a partir de 1580, afectó a la Francia moderna y la Europa occidental.

Con cerca de 100.000 habitantes, Marsella era entonces la tercera ciudad más grande del reino de Francia, una ciudad portuaria con influencia internacional y una fuerte jerarquía social. Esta tragedia tendrá repercusiones inmediatas en la demografía de Marsella y repercusiones duraderas en la prosperidad comercial de la ciudad.

Los comentaristas de la época, entonces los historiadores de Marsella, notaron la actitud valiente de Henri François-Xavier de Belsunce de Castelmoron, obispo de Marsella, abad de Notre-Dame-des-Chambons, consejero del rey que, en esta atmósfera de muerte y desolación, ayudó a los enfermos e ignoró el peligro. Duffaud en 1911.

Análisis de imagen

Con hábito sacerdotal, con mitra y con un copón en la mano izquierda, el obispo da la Comunión a las víctimas de la peste cerca de Fort Saint-Jean. Mira a una madre moribunda cuyo hijo desnudo ya ha sucumbido a la enfermedad. El camino que tomó el hombre de Iglesia para llegar a los moribundos está sembrado de cadáveres, pero este espectáculo macabro no lo detuvo en el ejercicio de su ministerio y no debilitó su determinación: está en su lugar en medio del rebaño de sus fieles que sufren, les da los últimos sacramentos y no teme a la muerte, por omnipresente que sea a su alrededor.

Capuchinos y jesuitas, portando cayados, jarras, antorchas y cruces, casi tan numerosos como las víctimas de la peste, se entregan al lado de la cama de los enfermos, dispuestos a sacrificar la vida. Un monje apunta a los cielos, indicando a los moribundos su lugar de descanso final. En forma de pirámide y animada con oblicuos, la composición presenta las figuras de "retroceso" en primer plano, para mostrar mejor el coraje y la acción de los representantes de la Iglesia Católica. En el rostro, en la actitud y en los ojos del moribundo, se puede leer el pánico, la angustia y la preocupación que la luz contrastante y una gradación de colores acentúan y dramatizan. La obra contrasta así el drama y la tragedia con el coraje y la dedicación.

Interpretación

En el corpus iconográfico del drama de Marsella dominan dos figuras: el Chevalier Roze à la Tourette y el obispo de Belsunce, uno simboliza la intervención del Estado y el otro la de la Iglesia católica. A medida que la ciudad se desmorona, encarnan a los garantes del orden social y moral. Expuesta en el Salón de 1819 y adquirida ese mismo año por Luis XVIII, la pintura de Monsiau, en forma de “exemplum virtutis”, ilustra perfectamente la fe católica celebrada bajo la primera Restauración: para la monarquía restaurada se trata de hacer que el sentimiento religioso vuelva a florecer y purificar los modales.

La obra también está vinculada a la corriente romántica del momento que a raíz de Chateaubriand (Genio del cristianismo, 1802) expresa su admiración por la religión cristiana, por la moral y por la humanidad. Es también, a través de la elección de sus colores, su armonía general gris-malva, su material pictórico helado y regular, típico de la obra de Monsiau.

Pero el lienzo también debe relacionarse con un "Aviso sobre la vida del pintor" publicado después de la muerte del artista en 1837. Monsiau, leemos allí, se enteró, cuando había comenzado a pintar, que estaba afectado por la enfermedad de los cálculos y necesitaba una cirugía urgente. El pintor, sin embargo, decidió afrontar el peligro y no quiso saber nada hasta haber terminado su cuadro, pues, declaró: "Si esta demora me expone a la muerte, mi última obra al menos habrá sido un homenaje a virtud. Y su biógrafo concluye: “La peste de Marsella había terminado, de hecho, y mientras el público rodeaba el cuadro con sus elogios, el pintor soportó con inquebrantable calma la más dolorosa operación de cirugía. "

  • Marsella
  • enfermedad
  • religión
  • epidemias
  • Provenza

Bibliografía

· De David a Delacroix. Pintura francesa de 1774 a 1830, catálogo de la exposición Grand Palais, París, R.M.N., 1974.

· Dominique AICARDI-CHÈVE, “El cuerpo del contagio. Estudio antropológico de las representaciones iconográficas de la peste (siglos XVI-XX en Europa) ”, tesis doctoral en antropología biológica, Universidad del Mediterráneo, 2003.

· Régis BERTRAND, "La iconografía de la peste en Marsella o el largo recuerdo de una catástrofe" en Imágenes de la Provenza. Representaciones iconográficas desde finales de la Edad Media hasta mediados del siglo XX, Aix-en-Provence, Universidad de Provenza, 1992.

Charles CARRIÈRE y alii, Marsella ciudad muerta. La plaga de 1720, Marsella, Maurice Boy Publisher, 1968.

Para citar este artículo

Pascal DUPUY, "La peste en Marsella"


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Comentarios:

  1. Viljo

    Creo que cometo errores. Tenemos que hablar.

  2. Katlyne

    Esto no me molesta.

  3. Colis

    Sí, pensamiento abstracto



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