Convención de Ginebra

Convención de Ginebra

La Convención de Ginebra fue una serie de reuniones diplomáticas internacionales que produjeron una serie de acuerdos, en particular el derecho humanitario de los conflictos armados, un grupo de leyes internacionales para el trato humano del personal militar, personal médico y civiles no militares heridos o capturados durante guerra o conflictos armados. Los acuerdos se originaron en 1864 y se actualizaron significativamente en 1949 después de la Segunda Guerra Mundial.

Henry Dunant

Durante gran parte de la historia de la humanidad, las reglas básicas de la guerra fueron impredecibles, si es que existieron. Si bien algunas civilizaciones mostraron compasión por los civiles heridos, indefensos o inocentes, otras torturaron o masacraron a cualquiera a la vista, sin hacer preguntas.

En 1859, el empresario ginebrino Henry Dunant viajó a la sede del emperador Napoleón III en el norte de Italia para buscar derechos territoriales para una empresa comercial. Sin embargo, obtuvo mucho más de lo que esperaba cuando fue testigo de las secuelas de la Batalla de Solferino, una sangrienta batalla en la Segunda Guerra de la Independencia italiana.

El horrible sufrimiento que vio Dunant lo impactó tanto que escribió un relato de primera mano en 1862 llamado Un recuerdo de Solferino. Pero no solo escribió sobre lo que había observado, también propuso una solución: todas las naciones se unen para crear grupos de ayuda voluntarios capacitados para tratar a los heridos en el campo de batalla y ofrecer asistencia humanitaria a los afectados por la guerra.

Cruz Roja

Se formó un comité, que incluía a Dunant y una iteración temprana de la Cruz Roja, en Ginebra para explorar formas de implementar las ideas de Dunant.

En octubre de 1863, delegados de 16 países junto con personal médico militar viajaron a Ginebra para discutir los términos de un acuerdo humanitario en tiempo de guerra. Esta reunión y su tratado resultante firmado por 12 naciones se conocieron como la Primera Convención de Ginebra.

A pesar de jugar un papel importante en la progresión de lo que se convirtió en el Comité Internacional de la Cruz Roja, continuando su trabajo como campeón de los heridos de batalla y prisioneros de guerra y ganando el primer Premio Nobel de la Paz, Dunant vivió y murió casi en la pobreza.

Convenios de Ginebra de 1906 y 1929

En 1906, el gobierno suizo organizó una conferencia de 35 estados para revisar y actualizar las mejoras a la Primera Convención de Ginebra.

Las enmiendas ampliaron las protecciones para los heridos o capturados en la batalla, así como para las agencias voluntarias y el personal médico encargado de tratar, transportar y retirar a los heridos y muertos.

También hizo que la repatriación de los beligerantes capturados fuera una recomendación en lugar de obligatoria. La Convención de 1906 reemplazó a la Primera Convención de Ginebra de 1864.

Después de la Primera Guerra Mundial, quedó claro que la Convención de 1906 y la Convención de La Haya de 1907 no iban lo suficientemente lejos. En 1929, se realizaron actualizaciones para promover el trato civilizado de los prisioneros de guerra.

Las nuevas actualizaciones indicaron que todos los prisioneros deben ser tratados con compasión y vivir en condiciones humanas. También estableció reglas para la vida diaria de los prisioneros y estableció a la Cruz Roja Internacional como la principal organización neutral responsable de recopilar y transmitir datos sobre los prisioneros de guerra y los heridos o muertos.

Convenios de Ginebra de 1949

Sin embargo, Alemania firmó la Convención de 1929 que no les impidió llevar a cabo actos horribles dentro y fuera del campo de batalla y dentro de sus campos de prisioneros militares y campos de concentración civiles durante la Segunda Guerra Mundial. Como resultado, los Convenios de Ginebra se ampliaron en 1949 para proteger a los civiles no combatientes.

Según la Cruz Roja Estadounidense, los nuevos artículos también agregaron disposiciones para proteger:

  • personal, instalaciones y equipos médicos
  • civiles heridos y enfermos que acompañan a las fuerzas militares
  • capellanes militares
  • civiles que toman las armas para luchar contra las fuerzas invasoras

El artículo 9 de la Convención especificaba que la Cruz Roja tiene el derecho de ayudar a los heridos y enfermos y proporcionar ayuda humanitaria. El artículo 12 estipula que los heridos y los enfermos no deben ser asesinados, torturados, exterminados ni expuestos a experimentos biológicos.

Los Convenios de Ginebra de 1949 también establecieron reglas para proteger a las fuerzas armadas heridas, enfermas o náufragas en el mar o en barcos hospitales, así como a los trabajadores médicos y civiles que acompañan o tratan al personal militar. Algunos aspectos destacados de estas reglas son:

  • Los barcos hospitales no pueden utilizarse con fines militares ni ser capturados o atacados.
  • Los líderes religiosos capturados deben ser devueltos inmediatamente.
  • Todas las partes deben intentar rescatar al personal náufrago, incluso a los del otro lado del conflicto.

Los prisioneros de guerra masculinos y femeninos recibieron protecciones ampliadas en la Convención de 1949, tales como:

  • no deben ser torturados ni maltratados
  • solo deben dar su nombre, rango, fecha de nacimiento y número de serie cuando se capturan
  • deben recibir una vivienda adecuada y cantidades adecuadas de alimentos
  • no deben ser discriminados por ningún motivo
  • tienen derecho a mantener correspondencia con la familia y recibir paquetes de atención
  • la Cruz Roja tiene derecho a visitarlos y examinar sus condiciones de vida

También se pusieron en marcha artículos para proteger a los civiles heridos, enfermos y embarazadas, así como a las madres y los niños. También declaró que los civiles no pueden ser deportados colectivamente o obligados a trabajar en nombre de una fuerza de ocupación sin paga. Todos los civiles deben recibir atención médica adecuada y se les debe permitir continuar con su vida diaria tanto como sea posible.

Protocolos de la Convención de Ginebra

En 1977, los Protocolos I y II se agregaron a las Convenciones de 1949. El Protocolo I aumentó las protecciones para civiles, trabajadores militares y periodistas durante los conflictos armados internacionales. También prohibió el uso de "armas que causen lesiones superfluas o sufrimientos innecesarios" o causen "daños generalizados, duraderos y graves al medio ambiente natural".

Según la Cruz Roja, el Protocolo II se estableció porque la mayoría de las víctimas de los conflictos armados desde la Convención de 1949 fueron víctimas de feroces guerras civiles. El Protocolo establece que todas las personas que no tomen las armas deben ser tratadas con humanidad y que nadie al mando debe dar una orden de "ningún sobreviviente".

Además, los niños deben estar bien cuidados y educados, y se prohíbe lo siguiente:

  • tomando rehenes
  • terrorismo
  • pillaje
  • esclavitud
  • castigo grupal
  • trato humillante o degradante

En 2005 se creó un Protocolo para reconocer el símbolo del cristal rojo —además de la cruz roja, la media luna roja y el escudo rojo de David— como emblemas universales de identificación y protección en los conflictos armados.

Más de 190 estados siguen las Convenciones de Ginebra debido a la creencia de que algunos comportamientos en el campo de batalla son tan atroces y dañinos que dañan a toda la comunidad internacional. Las reglas ayudan a trazar una línea, en la medida de lo posible dentro del contexto de las guerras y los conflictos armados, entre el trato humano de las fuerzas armadas, el personal médico y los civiles y la brutalidad desenfrenada contra ellos.

Fuentes

Convenio de Ginebra del 27 de julio de 1929 relativo al trato de los prisioneros de guerra. Comité Internacional de la Cruz Roja.
Convenios de Ginebra. Instituto de Información Legal de la Facultad de Derecho de Cornell.
Henry Dunant Biográfico. Nobelprize.org.
Historia de los Convenios de Ginebra. PBS.org.
Resumen de los Convenios de Ginebra de 1949 y sus Protocolos adicionales. Cruz Roja Americana.
La batalla de Solferino. Cruz Roja Británica.
Tratados, Estados Partes y Comentarios: Convención para aliviar la suerte de los heridos y enfermos de los ejércitos en campaña. Ginebra, 6 de julio de 1906. Comité Internacional de la Cruz Roja.
Tratados, Estados, Partes y Comentarios: Protocolo adicional a los Convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949 relativo a la protección de las víctimas de los conflictos armados internacionales (Protocolo I), 8 de junio de 1977. Comité Internacional de la Cruz Roja.
Tratados, Estados Partes y Comentarios: Protocolo adicional a los Convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949 relativo a la protección de las víctimas de los conflictos armados sin carácter internacional (Protocolo II), 8 de junio de 1977. Comité Internacional de la Cruz Roja.


Los Convenios de Ginebra de 1949: orígenes y significado actual

Gracias por estar aquí esta mañana para conmemorar el 60º aniversario de los Convenios de Ginebra. La tarea que me he propuesto para los próximos 20 minutos es ofrecer una breve reflexión sobre la historia de los Convenios de Ginebra de 1949 y sobre su relevancia actual. Cuando nuestro Presidente, el Sr. Jakob Kellenberger, tome la palabra más adelante, presentará los principales desafíos que tenemos por delante, más concretamente la labor futura en el ámbito del derecho humanitario.

La Segunda Guerra Mundial sigue siendo un conflicto que se caracteriza por la violencia a una escala sin precedentes. Y no solo la violencia extrema de un combatiente contra otro, gran parte de ella fue dirigida contra los civiles, que no habían pagado un precio tan alto por el belicismo de la humanidad desde la Guerra de los Treinta Años. El descubrimiento de los campos de concentración nazis y la extensión del exterminio masivo llevado a cabo dentro de sus muros agregaron una capa más de horror a la tragedia que vivió el mundo desde 1939 hasta 1945. Para transmitir el sentimiento de la época, una cita del general Eisenhower mientras visitaba un campo de exterminio nazi en 1945 puede ser suficiente: "El mundo debe saber lo que sucedió y nunca olvidarlo".

Por tanto, no cabe duda de que la decisión de redactar los Convenios de Ginebra de 1949 quedó sellada por la tragedia de la Segunda Guerra Mundial y que los convenios tenían por objeto colmar las lagunas del derecho internacional humanitario expuestas por el conflicto.

Sin embargo, al afirmar que este progreso logrado en 1949 sólo puede explicarse sobre el trasfondo de los horrendos sufrimientos sufridos por la Segunda Guerra Mundial, no debemos olvidar que las mejoras en la protección de las víctimas de la guerra (en particular de la población civil) se han hecho realidad. ha sido objeto de debate mucho antes del estallido de la guerra. Desde principios de la década de 1920, el CICR había considerado varios proyectos, uno de los cuales estaba destinado a proteger a la población civil contra los efectos de la guerra, en particular la guerra aérea. El Comité también había redactado una convención que ofrecía protección a los civiles en manos del enemigo. Este borrador, que pasó a ser conocido como el Proyecto de Tokio desde que fue presentado en la Conferencia Internacional de la Cruz Roja de 1934 en la capital japonesa, iba a ser objeto de una futura conferencia diplomática convocada por Suiza. Al igual que en la Conferencia Diplomática de 1929, durante la cual se adoptó la Convención sobre Prisioneros de Guerra, en el CICR había muchas esperanzas de ver otra manifestación de buena voluntad de los Estados, esta vez hacia la población civil. Sin embargo, no fue así. La falta de entusiasmo por parte de los gobiernos hizo que Suiza no pudiera anunciar la conferencia diplomática hasta junio de 1939 & # 8211 y estaba programada para principios de 1940. El resto es historia.

Durante la guerra, las energías del CICR se concentraron en gran medida en sus actividades sobre el terreno, pero, como guardián del derecho internacional humanitario, continuó discutiendo la posibilidad de relanzar el proceso de revisión y ampliación del derecho de Ginebra tan pronto como posible.

Por lo tanto, en febrero de 1945, incluso antes del final de las hostilidades, el CICR anunció a los gobiernos y a las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja su intención de revisar los Convenios de Ginebra existentes y adoptar nuevos convenios, mientras se preguntaba si todavía había lugar para las normas humanitarias. en una era de guerra total.

Superando su aprensión, el CICR organizó una Conferencia Preliminar de Sociedades Nacionales de la Cruz Roja en Ginebra para estudiar las convenciones que protegen a las víctimas de la guerra en septiembre de 1945, seguida de una Conferencia de Expertos Gubernamentales en 1947. Esta última tenía por objeto dar una opinión sobre la revisión de las dos Convenios de Ginebra existentes, sobre "heridos y enfermos" y "prisioneros de guerra" y, sobre todo, sobre la preparación de una nueva convención sobre la condición y protección de los civiles en tiempo de guerra. & # 160

Los expertos gubernamentales apoyaron las propuestas del CICR, incluida la de una nueva idea de aplicar los convenios en todos los casos de conflicto armado, incluidos los internos. Envalentonado por este apoyo, el CICR informó a las autoridades suizas de su deseo de convocar otra conferencia diplomática. Mientras tanto, los participantes de la XVII Conferencia Internacional de la Cruz Roja en Estocolmo en 1948 se pronunciaron a favor de revisar y adaptar los Convenios de Ginebra.

La conferencia diplomática se inauguró el 21 de abril con la presencia de representantes de 64 países, cubriendo casi todos los Estados del mundo en ese momento. Según varios relatos de testigos presenciales, ninguna conferencia había estado tan bien preparada. Sin embargo, tardó casi cuatro meses en completar su trabajo, lo que sorprendió al público e hizo que la conferencia fuera mucho más larga de lo previsto. Sin embargo, hubo un sentimiento positivo en las reuniones, incluso quizás un sentido de camaradería y discusión franca, incluso cuando el mundo acababa de entrar en la Guerra Fría. Los siguientes cuatro convenios fueron adoptados como resultado de estos procedimientos:

Convenio de Ginebra para aliviar la suerte de los heridos y enfermos de las fuerzas armadas en campaña

Convenio de Ginebra para aliviar la suerte de los heridos, enfermos y náufragos de las fuerzas armadas en el mar

Convenio de Ginebra relativo al trato debido a los prisioneros de guerra

Convenio de Ginebra relativo a la protección debida a personas civiles en tiempo de guerra.

En general, estos cuatro textos ampliaron enormemente el alcance del derecho internacional humanitario. El artículo 3 común a los cuatro Convenios de Ginebra resultó ser una victoria significativa, extendiendo los principios de los Convenios de Ginebra a los conflictos armados no internacionales y eliminando ciertos obstáculos a la soberanía nacional. Según el artículo 3 común, las partes en un conflicto armado interno se comprometen a respetar los derechos fundamentales de las personas. Es comprensible que el artículo 3 común haya sido objeto de los debates más intensos y prolongados de toda la conferencia.

Pero el mayor avance de todos sigue siendo la adopción de la IV Convención, que ofrece a los civiles una protección similar a otras víctimas de la guerra. Descrita como un & # 8220 milagro & # 8221 por el entonces presidente del CICR, Paul Ruegger, la cuarta Convención finalmente cerró una de las lagunas más graves expuestas por la Segunda Guerra Mundial y todas las demás guerras anteriores.

Los cuatro Convenios de Ginebra están fechados el 12 de agosto de 1949. Es la fecha en la que se firmó el Acta Final de la conferencia diplomática a la que se anexan. Al mismo tiempo, 18 delegaciones gubernamentales también firmaron los cuatro nuevos convenios.

Las demás delegaciones habían pedido un tiempo para que sus gobiernos pudieran estudiar los textos, por lo que el 8 de diciembre de 1949 se celebró una segunda ceremonia de firma en Ginebra. En esta ocasión, los representantes gubernamentales firmaron los nuevos Convenios en la misma mesa que se había utilizado para firmar el Convenio de Ginebra de 1864 & # 8211, un gesto muy histórico y simbólico.

Los Convenios de Ginebra tuvieron de inmediato un gran éxito. Entraron en vigor ya el 21 de octubre de 1950 después de las dos primeras ratificaciones. Fueron ratificados por 74 Estados en la década de 1950 & # 8217 y obtuvieron 48 ratificaciones más en la década de 1960 & # 8217. La ratificación aumentó constantemente en las décadas de 1970 y 8217 (20 ratificaciones) y 1980 y 8217 (20 ratificaciones). Una ola de 26 nuevas ratificaciones se produjo a principios de la década de 1990 y # 8217, como resultado en particular de la desintegración de la Unión Soviética, Checoslovaquia y la ex Yugoslavia. Con las últimas (7) ratificaciones desde el año 2000, la aplicabilidad de la Convención de Ginebra se ha vuelto hoy universal, con 194 Estados parte.

En la actualidad, los Convenios de Ginebra siguen siendo la piedra angular del derecho internacional humanitario contemporáneo. Contienen las reglas esenciales que protegen a las personas que no participan o que ya no participan directamente en las hostilidades cuando se encuentran en manos de una parte adversa. Estas personas son, como se mencionó anteriormente, los heridos y los enfermos, los náufragos, los prisioneros de guerra y los civiles, incluidos los civiles que viven bajo ocupación.

La noción básica que subyace a los Convenios de Ginebra es la noción de respeto por la vida y la dignidad del individuo. Aquellos que sufren en un conflicto deben ser ayudados y cuidados sin distinción. Las Convenciones también confirman y refuerzan el papel de la misión médica. El personal médico, las unidades médicas y los transportes deben ser respetados y protegidos en todas las circunstancias. Esta es una condición indispensable para poder recoger y cuidar la herida y el enfermo. Los principios en los que se basan estas normas son tan antiguos como el propio conflicto armado.

Sin embargo, la pregunta sigue surgiendo con frecuencia: ¿Los convenios siguen siendo relevantes hoy en día, siguen siendo relevantes en las guerras contemporáneas?

La relevancia actual del DIH está respaldada por los resultados de una encuesta de opinión que planteó una serie de preguntas sobre lo que las personas en los países afectados por la guerra consideran un comportamiento aceptable durante las hostilidades y sobre la eficacia de los Convenios de Ginebra. La investigación, titulada Nuestro mundo. Vistas desde el campo & # 160. , fue realizada por la Agencia Ipsos en Afganistán, Colombia, República Democrática del Congo, Georgia, Haití, Líbano, Liberia y Filipinas. Esta encuesta a la que me refiero fue encargada específicamente por el CICR con motivo de este aniversario y se publicó ayer.

La mayoría de las aproximadamente 4.000 personas encuestadas en los ocho países & # 8211 75% & # 8211 dicen que debería haber límites a lo que los combatientes pueden hacer en el transcurso de los combates. Pero cuando se les preguntó si habían oído hablar alguna vez de los Convenios de Ginebra, poco menos de la mitad dijeron que sabían que existían tales reglas. Entre ellos, alrededor del 56% cree que las Convenciones limitan el sufrimiento de los civiles en tiempos de guerra.

Los resultados revelan un amplio apoyo a las ideas fundamentales que sustentan los Convenios de Ginebra, y el DIH en su conjunto, por parte de personas que han vivido realmente en países afectados por conflictos y violencia.

Sin embargo, la encuesta también ha revelado & # 8211 Supongo que esto es menos sorprendente - que el impacto percibido de las reglas sobre el terreno es mucho más débil que el apoyo a ellas. Esto parece ser un fuerte indicador de que las personas en los países afectados por la guerra quieren ver un mejor respeto y aplicación de la ley.

Con el fin de analizar la cuestión de la relevancia de los Convenios de Ginebra, analizaré por separado su relevancia en los conflictos armados internacionales (interestatales) y no internacionales y proporcionaré en ambos casos algunos ejemplos para ilustrar su relevancia práctica.

Al analizar más a fondo la cuestión de la relevancia de los Convenios, debemos tener en cuenta que, en su mayor parte, los Convenios de Ginebra solo regulan los conflictos armados internacionales, incluidas las situaciones de ocupación militar. Si bien es cierto que estos conflictos y ocupaciones & # 8211 afortunadamente & # 8211 no son tan frecuentes como en el pasado, sólo podemos observar que tampoco han desaparecido por completo. Ejemplos recientes de conflictos en los que las convenciones fueron plenamente aplicables son los conflictos en Afganistán (2001-2002), la guerra de Irak (2003-2004), el conflicto en el sur del Líbano (2006) y el conflicto entre Rusia y Georgia (2008). Por lo tanto, en la medida en que los conflictos y ocupaciones internacionales continúen existiendo y ocurran en el futuro, los Convenios seguirán siendo válidos y relevantes. Por tanto, es muy importante preservar este valioso acervo humanitario obtenido mediante la aceptación universal de los Convenios. Cualesquiera que sean los desarrollos que puedan ocurrir en el futuro, estos deben basarse en estas reglas existentes.

Para dar solo un ejemplo de este saber: La regulación de las condiciones de detención ha sido fundamental para salvar vidas y asegurar el bienestar de muchos detenidos. Sobre la base de estas normas de los Convenios de Ginebra, el CICR puede realizar su trabajo sobre el terreno, incluidas las visitas a los detenidos. El propósito de estas visitas es prevenir desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales, torturas y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, monitorear las condiciones materiales de detención y restablecer los vínculos familiares, entre otros. mediante el intercambio de mensajes de Cruz Roja.

Algunas cifras de conflictos armados internacionales recientes pueden ser suficientes para ilustrar cómo los Convenios de Ginebra siguen siendo relevantes para las víctimas de la guerra. En el curso del conflicto entre Eritrea y Etiopía, el CICR visitó, sólo en el año 2000, más de 1.000 prisioneros de guerra etíopes y 4.300 civiles internados. Además, intercambiamos 16.326 mensajes entre prisioneros de guerra etíopes y eritreos y sus familias. El CICR también organizó el paso seguro a través de las líneas del frente para 12 493 civiles de origen etíope. En cooperación con la Cruz Roja de Eritrea, el CICR distribuyó ayuda a más de 150.000 civiles afectados por el conflicto y proporcionó material quirúrgico para tratar a 10.000 heridos de guerra, en cooperación con el Ministerio de Salud.

En Irak, el CICR visitó 6.100 prisioneros de guerra y 11.146 civiles internados y detenidos por las potencias ocupantes entre abril de 2003 y mayo de 2004. Además, se intercambiaron más de 16.000 mensajes de Cruz Roja. Incluso en el conflicto bastante breve entre Rusia y Georgia en 2008, varios prisioneros de guerra se beneficiaron de la protección y el estatus que les confiere el Tercer Convenio de Ginebra. Sobre la base de este Convenio, el CICR pudo visitar a los prisioneros de guerra en cuestión.

Pero no todos los efectos positivos de los Convenios de Ginebra pueden reflejarse en cifras concretas. El valor real de los convenios no radica únicamente en el bien que ayudan a lograr, sino quizás más aún en el mal aún mayor que han ayudado a prevenir. Por ejemplo, sabemos por experiencia que los emblemas distintivos de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja han protegido a innumerables hospitales, unidades médicas y personal, así como a innumerables heridos y enfermos. En los últimos años, lamentablemente hemos sido testigos de demasiados ejemplos de violaciones flagrantes tanto de los emblemas distintivos como de la misión médica, sin embargo, y este es el punto que me gustaría señalar: sin las reglas contenidas en los Convenios, la situación estaría muy lejos peor. Peor para las víctimas y mucho más difícil para quienes tratan de ayudar y proteger.

Por lo tanto, sostengo que los Convenios de Ginebra han funcionado bien durante los últimos 60 años y que siguen siendo muy pertinentes, y esto ciertamente en situaciones de conflictos armados internacionales, incluso en situaciones de ocupación.

¿Es esta afirmación igualmente cierta para los conflictos armados de carácter no internacional? Desde una perspectiva fenomenológica es indudable que este tipo de conflictos son los que predominan en la actualidad. Son estos conflictos que varían mucho en forma y forma con los que tenemos que lidiar generalmente en estos días. Pueden ser guerras civiles internas tradicionales, pero también pueden extenderse a otros Estados. Pueden lanzar al gobierno contra los grupos armados, pero también pueden consistir en grupos armados que luchan entre ellos. Pueden involucrar a terceros Estados o fuerzas multinacionales que luchan codo con codo con el gobierno. Las situaciones que me vienen a la mente incluyen, por ejemplo, la región de Darfur en Sudán, Colombia, el este de la República Democrática del Congo o los actuales Afganistán, Irak y Somalia. Los Convenios de Ginebra cubren todas estas situaciones. De hecho, el artículo 3 común de los Convenios de Ginebra se ocupa de cualquier conflicto armado que no sea de carácter internacional. Es decir, cualquier conflicto armado que no sea un conflicto interestatal entra en el ámbito del artículo 3 común de las Convenciones. Aunque esta es solo una disposición, contiene las reglas esenciales en pocas palabras:

1. Requiere un trato humano para todas las personas en manos del enemigo, independientemente de cómo puedan ser clasificadas legal o políticamente o bajo cuya custodia se encuentren. Como resultado, nadie puede ser colocado o tratado fuera del Artículo 3 común, privado de toda protección.

2. Requiere que los heridos, los enfermos y los náufragos sean recogidos y atendidos.

3. Otorga al CICR el derecho a ofrecer sus servicios a las partes en conflicto. Sobre la base del artículo 3 común, el CICR solicita sistemáticamente el acceso a las personas privadas de libertad en relación con conflictos armados no internacionales, y ese acceso generalmente se otorga.

4. Finalmente, reconoce que la aplicación de estas normas no afecta en modo alguno la condición jurídica de las Partes en conflicto.

A partir de este resumen, puede ver que el artículo 3 común no es solo un artículo como cualquier otro, sino de hecho un mini-convenio dentro de los convenios. La Corte Internacional de Justicia ha llamado al artículo 3 común un reflejo de & # 8220 consideraciones elementales de humanidad & # 8221. A la luz de la prevalencia de los conflictos armados no internacionales, sigue siendo una disposición de suma importancia. Como resultado, con respecto a los conflictos armados no internacionales, los Convenios de Ginebra siguen siendo extremadamente relevantes en la actualidad. Debido a su aceptación universal, el artículo 3 común es aplicable en cualquier conflicto armado que no sea de carácter internacional en cualquier parte del mundo.

Para apreciar plenamente la pertinencia de los Convenios de Ginebra en la actualidad, es necesario considerarlos desde la perspectiva adecuada. No deben considerarse de forma aislada. Desde su conclusión en 1949, han sido complementados y desarrollados por tres Protocolos Adicionales. Los dos primeros fueron adoptados en 1977, hace más de 30 años, y el tercero más recientemente en 2005 introduciendo un nuevo emblema protector, el Cristal Rojo.

Los Protocolos Adicionales de 1977 se redactaron esencialmente como una respuesta a los cambios en la guerra, sobre todo la expansión de la guerra de guerrillas y el mayor sufrimiento de los civiles en los conflictos armados debido en parte a los avances en la tecnología de las armas. Introdujeron normas esenciales relativas a la conducción de las hostilidades y los métodos y medios de guerra, cuyo objetivo era fortalecer la protección de los civiles. En particular, formularon el importante principio de distinción entre civiles y combatientes y entre bienes de carácter civil y objetivos militares. También han ampliado la lista de garantías fundamentales aplicables a todas las personas en poder de una parte adversa.

Los Protocolos adicionales de 1977 fueron también una respuesta a la proliferación de conflictos armados internos. De hecho, el Protocolo Adicional II fue el primer tratado que se haya dedicado exclusivamente a la protección de las víctimas de tales conflictos, y que se basa en la protección proporcionada en el artículo 3 común.

Si bien los Convenios de Ginebra de 1949 han sido ratificados universalmente, los Protocolos adicionales no. En la actualidad, 168 Estados son parte del Protocolo adicional I y 164 Estados del Protocolo adicional II. Aunque esto sitúa a los Protocolos adicionales de 1977 entre los instrumentos jurídicos más aceptados en el mundo, no podemos estar satisfechos con esta situación. Las reglas sobre la conducción de las hostilidades y las garantías fundamentales consagradas en los Protocolos adicionales de 1977 son una necesidad absoluta. Su reconocimiento y aplicación son necesarios, ahora más que nunca. Por tanto, el CICR cree que la ratificación de los Protocolos adicionales debe ser una prioridad. Instamos a todos los Estados que aún no lo hayan hecho a que se adhieran a estos instrumentos. La ratificación universal de los Convenios de Ginebra, junto con sus Protocolos adicionales, establecería un marco jurídico firme para la protección de las víctimas de la guerra, dondequiera que se encuentren o quienesquiera que se encuentren. La situación actual es insatisfactoria ya que crea un mosaico de obligaciones convencionales con los Protocolos aplicables en algunos conflictos pero no en otros.

A pedido de la comunidad internacional, el CICR ha tratado de remediar esta situación identificando las normas del derecho humanitario consuetudinario que se aplican independientemente del historial de ratificaciones del derecho convencional. Sin embargo, el derecho consuetudinario no puede reemplazar la certeza jurídica obtenida con la ratificación de tratados. Por tanto, para terminar, quisiera reiterar nuestro llamamiento a la adhesión mundial a los instrumentos de derecho humanitario existentes, en particular a los Protocolos adicionales de los Convenios de Ginebra.


Del siglo XV al XVIII

En el siglo XV, los condes de Saboya ascendieron a la condición de duques e hicieron denodados esfuerzos para afirmar su soberanía en Ginebra a expensas de los obispos, que hicieron igualmente generosas ofertas a los burgueses para ganar su apoyo contra los duques. Pero los burgueses tardaron en abandonar a los duques, de quienes consiguieron un contrato que reconocía a su Consejo General —la asamblea pública a la que pertenecían todos los ciudadanos— como el cuerpo legislativo central de la ciudad.


Más comentarios:

Arnold Shcherban - 29/9/2006

La esencia del alboroto en Ginebra
Las convenciones, de las que Estados Unidos es signatario, es que Estados Unidos intenta anularlas mediante sus propias leyes nacionales, lo que en sí mismo es una violación del principio fundamental de cualquier ley internacionalmente aceptada.

Vernon Clayson - 16/7/2006

Robert, si lo que dices es cierto, es posible que seas la única persona tuerta que haya sido reclutada en el ejército y te hayas convertido en un francotirador, ¡increíble! ¿Dónde encontramos a tales hombres? Me siento un poco tonto al comentar un comentario de 2003 de un artículo de 2002, ¿cómo se debe haber sentido cuando descubrió lo mal que lo habían usado? Fue una tragedia que no fueras capturado por alguien que podría haberte utilizado como ejemplo de lo desesperado que estaba Estados Unidos por los hombres, teniendo que tomar reclutas tuertos. Un momento de John Kerry, si es que alguna vez hubo uno.

Richard Henry Morgan - 13/5/2004

"Estados Unidos destruyó completamente la infraestructura de Afganistán".

No creo que esto necesite un comentario extenso, sino que habla por sí mismo.

Steven Alan Dickerson - 13/5/2004

Parece que Bush es alumno de Adolf Hitler. Como recordará, la Convención de Ginebra no se aplicó a su ejército en la Unión Soviética porque la Unión Soviética no era signataria.

Finalmente, Bush dice que los miembros de al Quaida no están cubiertos por la Convención de Ginebra porque no se conducen de acuerdo con las reglas aceptadas de la guerra. En ese caso, debe estar diciendo que los soldados estadounidenses tampoco están cubiertos. Estados Unidos destruyó por completo la infraestructura de Afganistán, lo que provocó que la guerra fuera una guerra contra el pueblo de Afganistán más que cualquier guerra contra Al Quaida.

Además, según el argumento de Bush, si las acusaciones formuladas en el documental "Masacre afgana: convoy de la muerte" son ciertas, entonces esa es otra razón por la que los soldados estadounidenses no deberían estar cubiertos por la Convención de Ginebra. Las Fuerzas Especiales de Estados Unidos han estado implicadas en el asesinato de al menos 2500 soldados talibanes que se rindieron en noviembre de 2001.

Mark Safranski - 12/5/2004

"que el comandante en jefe era responsable, como en el caso del general japonés T. Yamashita, que fue ejecutado por ello. Por lo tanto, el presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, como comandante en jefe, debe ser juzgado por todas las atrocidades cometidas por sus tropas. en Iraq."

Yamashita was not the commander-in-chief, he was a theater commander whose subordinate commanders, to his misfortune, were beyond his control due to political ties to the imperial family ( I may be be misremembering my generals but I believe one of them was actually Prince Kanin, a senior prince). The architect of the bataan death march, Colonel Tsuji, escaped punuishment and went on to serve in the postwar Diet. Emperor Hirohito was not tried for either the war crimes he initiated or those simply carried out in his name.

Sitting heads of state and government are immune to prosecution while in office. Even after leaving office the responsibility needs to be relatively direct in order to justify a trial - Milosevic is not being prosecuted for being Serbia's leader *when* crimes were committed but for *directly orchestrating* those crimes as a matter of state policy. If Bush directly approved a policy of torture he has liability or if he was derelict in his command responsibilities.

Generally, presidents and prime ministers are not liable for what falls in the domain of brigadiers, colonels and majors as unit commanders.

Kenneth T. Tellis - 5/12/2004

During World War II both the Germans and the Japanese were accused of and found gulity of violating the Geneva Conventions with regards to both military and civilan prisoners-of-war. But of course as usual everyone forgot to mention the orders of General Dwight D. Eisenhower at the Normandy landings, "take no prisoners! This meant only one thing. That all German army personnel who surrendered were immediately shot. That is exactly what the Geneva Convention of 1864 was all about. To protect both military and civilians from murder, and that is what the Supreme Allied Commander had ordered in Normandy. Was Eisenhower therefore ant different to the Germans and Japanese War Criminals? Not all. He was actually in the same category as they were. Under those cirumstances many of the Germans who were tried at Nuremberg, Germany and Japanese tried at Tokyo, Japan, should not have been tried at all.

As for the recent exposure of the illtreatment of Iraqi prisoners at Abu Ghraib and other prisons in Iraq by US and British military personnel, they are in direct violation of the Geneva Convention. Since the precedent regarding who should be tried for the actions of their military personnel was already set in Nuremberg and Tokyo, that the commander-in-chief was responsible as in the case of Japanese General T. Yamashita who was executed for it.. Thus US President George W. Bush as Commander-in-Chief must be tried for all atrocities committed by his trops in Iraq. Nothing could be more clear than that. Equal justice under the law should be the norm. As Defense Secretary Donald Rumsfeld, his is without question an accomplice in the War Crimes committed by Army personnel in Iraq.

George W. Bush' praise for Rumsfeld doing a good job in Iraq, actually means that the president agrees with the atrocities committed by US forces, as acceptable.

Richard Henry Morgan - 5/11/2004

Fascinante. Could you tell me what part of the Geneva Conventions was relevant to your sightlessness in one eye?

Richard Henry Morgan - 5/11/2004

Monbiot makes, apparently, two mistakes on matters of law -- unsurprising, inasmuch as he is not a lawyer, but a controversialist who writes on anything and everything, regardless of his lack of knowledge of the subject area.

"The US government claims that these men are not subject to the Geneva conventions, as they are not "prisoners of war", but "unlawful combatants". The same claim could be made, with rather more justice, by the Iraqis holding the US soldiers who illegally invaded their country."

Monbiot is ignorant of the distinction between jus in bello (the subject area of the Geneva Conventions), and jus ad bellum, which pertains to lawfulness of the war itself. There is certainly a defensible argument that the US acted wrongly in the context of jus ad bellum. Even so, its combatants are "legal combatants" for the purposes of the Geneva Conventions -- jus in bello is not dependent on jus ad bellum.

"Even if there is doubt about how such people should be classified, article 5 insists that they "shall enjoy the protection of the present convention until such time as their status has been determined by a competent tribunal". But when, earlier this month, lawyers representing 16 of them demanded a court hearing, the US court of appeals ruled that as Guantanamo Bay is not sovereign US territory, the men have no constitutional rights."

The rights enjoyed by the prisoners are not dependent on constitutional rights, nor on the views of federal courts. Their status as prisoners of war are to be determined by a competent tribunal, which can be as little as a hearing before a military judge.

Jeff Moses - 5/11/2004

Thanks very much for a clear and concise description of the Geneva Convention. well done and timely as well.

Robert - 12/17/2003

In mid 1952 I was drafted into the US Army. I contested my induction on the basis that I had no sight in my right eye and I could not use the rifle, therefore, exempt. In support of my contention I referred to the Geneva Convention. The Army Court ruled the induction was proper because the US was NOT a signatory of the Geneva Convention. I ended up serving two years, used the rifle left-handed, and I got a medal as a sharpshooter.
Why did they say the US was not a signatory? I doubt it if they lied there was no reason.
Please post your response here, I'll get to it. The e-mail address is incorrect.

Robert - 12/17/2003

Yes, Iraq is a sigatory, but you'll be surprised to find out that the US was NOT a signatory as at 1952. There are many Geneva Conventions, and the US, I suppose, participated in one AFTER 1952. Go to Geneva Convention in the Internet and you'll find tons of info . and lots of surprises.
You misspelled the word Convention.

Lynn Myles - 6/18/2003

I am a 4th year student who is studying the Iraq war for my dissertation. Could you please forward relevant information or sources for this topic.
Saludos
Lynn

Bill Heuisler - 4/6/2003

Ms. Warwick,
US signed. Iraq did not sign on 19 June 1948, but has signed the BTWC agreement. Look the BTWC Agreement up on google and become confused like everyone else.
Bill Heuisler

Elizabeth Warwick - 4/1/2003

Tengo una pregunta. Has Iraq signed on to the Geneva Convention? Where can I find a list of signatories? Thanx

Gus Moner - 3/29/2003

This is indeed a relevant, factual article of information. I'd offer the following interpretation of events related to the convention’s application by the USA written by Mr. George Mombiot.

Nathan - 3/25/2003

This was a very interesting article.

Lisa Harp South - 3/25/2003

I appreciate this clear and concise information, and this is exactly what I need to share with my US history students, most of whom are military or dependents of military. It quickly answers most of their questions.

Suetonius - 3/25/2003

This is exactly what HNN should be doing--clear, factually based analysis of the current issues so that we all know what on earth we're talking about when we speak of 'The Geneva Convention.'


What Countries Signed the Geneva Conventions?

The countries that signed the Geneva Protocol at the Geneva Convention include the United States, United Kingdom, France, Germany and Japan. Since 1925, more than 130 countries have signed the protocol.

The Geneva Protocol was an agreement between nations made after World War I that biological, bacteriological and asphyxiation could not be used against others whether or not in times of war. The treaty was written on June 17, 1925, and put into effect on Feb. 8, 1928. Most of the largest world powers signed the treaty except for Japan and the United States the United States didn't ratify the treaty until Jan. 22, 1975. The ratification document was placed with the Government of France shortly afterward and proclaimed by the U.S. President on April 29 of that same year.

France was the first country to ratify the Geneva Protocol on May 10, 1926. Liberia ratified it the next year. Austria, Belgium, Egypt, Italy, Russia and Venezuela followed in 1928. Germany, Finland, Iran, Poland and Spain signed it in 1929. The United Kingdom didn't ratify it until 1930 along with Sweden, Australia, Canada, Denmark and the Netherlands. However, Canada signed with reservations that it did not remove until 1999. The United States was the only nation to ratify the protocol in 1975, although Barbados and Qatar signed it in 1976. The last country to sign as of 2015 was St. Vincent and the Grenadines.


Article The Geneva Conventions

Gen Con has a long and storied history, dating back almost fifty years and running across two states—and during most of that time, Dungeons & Dragons has been central to the convention.

Origins of Gen Con: 1967-1977

Fans of D&D might be surprised to learn that Gen Con predated the first FRPG by almost a decade. It began with what’s now called Gen Con 0 (1967), a casual gathering of about a dozen gamers at Gary Gygax’s house. There were three card tables on the porch some miniatures gaming ran in the basement.

The next year, Gen Con I (1968) officially got the ball rolling under the auspices of the International Federation of Wargaming (IFW) about a hundred gamers met at the Horticulture Hall in Lake Geneva, Wisconsin. Miniatures battles and naval wargames dominated the con, as they’d continue to do so for several years thereafter.

Meanwhile, Dungeons & Dragons (1974) was slowly coalescing, and Gen Con was crucial to its development. Gygax was initially inspired by a medieval miniatures game called “Siege of Bodenberg” (1967) that he saw at Gen Con I. He then met Don Lowry at Gen Con III (1970), which led to the publication of Chainmail (1971), the immediate ancestor of D&D. A prototype Dungeons & Dragons game finally appeared at Gen Con VI (1973) the enthusiasm over it led Gygax and friend Don Kaye to form a company to publish the game: TSR.

The three-book boxed Dungeons & Dragons set was published early in 1974 by the time that Gen VII (1974) rolled around, Gygax had been marketing it for several months. The convention had grown since its origins in the ‘60s, and now was home to 350 or so gamers. Some found D&D weird, but others enthusiastically took to the new game. After the con, many brought it back to their own communities, which was an important step in the initial diaspora of the game.

Just two years later, the world had clearly changed, because TSR took control of the convention starting with Gen Con IX (1976). They kept the con at its Lake Geneva home through Gen Con X (1977), after which they moved it out into the wider world of Wisconsin, to accommodate crowds that were now topping 2,000 attendees.

The Early Tournaments: 1975-1981

Gen Con wasn’t just crucial for the creation and the distribution of D&D it also helped to foster the culture of the game through a series of tournaments.

Tournaments were a pillar of the D&D experience as far back as Origins I (1975) and Origins II (1976)—where Gary Gygax ran the adventures that would later become S1 The Tomb of Horrors (1978) and S3 Expedition to the Barrier Peaks (1980). However, it was Gen Con that became the home of D&D’s biggest tournament, the D&D Open.

Rob Kuntz ran his “Sunken City” adventure for Gen Con VIII (1975), but Bob Blake’s event for Gen Con IX (1976) is usually considered the start of the modern D&D tournament because it featured small groups running through multiple rounds of play and scoring points for killing foes y solving problems alike.

Another such event took place in 1977, but the next year really showed the power of the convention tournaments. In 1978, TSR ran a series of giant-themed adventures at Origins IV (1978) and then a series of Underdark adventures at Gen Con XI (1978), and immediately afterward published them as six of their first seven adventures: the legendary “G” series (1978) and “D” series (1978).

TSR continued to produce tournaments for a couple of years thereafter. The most notable was possibly the Gen Con XIII (1980) tournament: TSR gave five of their designers the task of creating a new linked tournament. Together, David “Zeb” Cook, Harold Johnson, Tom Moldvay, Allen Hammack, and Lawrence Schick produced the “A” series (1980), which also went on to become the classic adventure modules.

Meanwhile, TSR was expanding beyond the D&D Open. The invitational AD&D Masters Tournament, for the most hardcore players, began at Winter Fantasy 3 (1979), but reappeared at Gen Con XII (1979). The average D&D player was eventually able to see this ironman tournament when Gen Con XII’s “Doomkeep”, was published in Dragon #34 (February 1980).

Preparing those tournaments required tremendous work, so TSR may have been happy to hand the responsibility off to Frank Mentzer’s newly formed RPGA, who began running tourneys of their own at Gen Con XIV (1981). The RPGA adventures may not have been as high profile as those that TSR first created, but some were published as the “R” series (1982) and the “RPGA” series (1983). Years later, a few reappeared as official TSR products: I11 Needle (1987) and I12 Egg of the Phoenix (1987).

Across Wisconsin: 1978-1996

Subtítulo

Following Gen Con X (1977), the convention moved to two different venues across the state. It was hosted at the University of Wisconsin Parkside from 1978-1984, then at MECCA—the major convention center in Milwaukee, Wisconsin—from 1985-1996 (and beyond). The con’s attendance slowly grew, as it transformed from a regional convention to a major national convention. About 2,000 attendees for Gen Con XI (1978) became more than 5,000 for Gen Con 20 (1987) and about 23,000 for Gen Con ’96.

These years also saw the advent of a new tradition: the publication of major new releases for Gen Con. When TSR released their “D” series of adventures for Gen Con XI (1978), it was a byproduct of the tournament being run at that convention, but in the years to come a number of publishers would purposefully target their biggest releases for the world’s biggest roleplaying convention. los AD&D Dungeon Masters Guide (1979), The World of Greyhawk Fantasy World Setting (1980), T1-4 The Temple of Elemental Evil (1985) y Al-Qadim: Land of Fate (1992) were just a few of the major books published for Gen Con.

TSR’s most unique rollout ever might have occurred at Gen Con 17 (1984). The first Dragonlance novel, Dragons of Autumn Twilight (1984), was not due out until November, but authors Tracy Hickman and Margaret Weis wanted to provide it with some attention at the con, so they decided to run a “Dragonlance Reader’s Theater”—where TSR employees and friends dramatized the book for an audience. The Reader’s Theatre was quite successful and would continue running through 1992.

This was just one of many cultural events that enriched the convention experience. At Gen Con XVI (1983), master miniatures maker Duke Seifried and three friends performed filk songs as “Uncle Duke & the Dragons” meanwhile, publisher Chaosium began running their infamous Cthulhu for President rallies—as immortalized in their own Cthulhu for President supplements (1992, 1996, 2004).

However, the biggest event for Gen Con during its TSR years might have been its combination with the Origins Game Fair for two huge conventions: Gen Con ’88 / Origins and Gen Con ’92 / Origins—which was also Gen Con’s 25 th anniversary.

Wizards Takes Over: 1997-2001

The 1997 Gen Con Game Fair—the thirtieth anniversary of the Lake Geneva convention—almost didn’t happen. Owner TSR stopped publishing books in January of the year meanwhile, no money was being budged for Gen Con. When Wizards of the Coast purchased TSR in April 1997, the year’s biggest gaming convention was already drawing perilously close.

Wizards managed to pull the convention off, and the 1997 Gen Con Game Fair ended up being one of the industry’s biggest parties ever, as D&D was welcomed back under new ownership. The Violent Femmes filled the streets for a concert in Milwaukee, and the roleplaying industry was reborn.

Wizards of the Coast only managed Gen Con for five years, but during that time they used it to spotlight D&D more than ever before. At the 1999 Gen Con Game Fair, they announced the upcoming release of D&D third edition, and then at the 2000 Gen Con Game Fair, they published this major new release.

TSR regularly published big products at Gen Con, but they never did a full-blown release of D&D at the convention, so this was a first—perhaps only comparable to the Dungeon Masters Guide release of 1979. Wizards not only released the Player's Handbook for D&D third edition, but the d20 license also went live the first two third-party d20 books appeared simultaneously: Atlas Games’ Three Days to Live (2000) and Green Ronin’s Death in Freeport (2000).

For four days in 2000, Wizards’ core rulebook and those two d20 adventures were the focus of the entire industry.

Peter Takes Over: 2002-Present

In early 2002, Wizards of the Coast sold Gen Con to ex-President Peter Adkison. Though he kept Gen Con in Wisconsin in 2002, the next year he moved it out of its home state for the first time ever the convention’s new home in Indianapolis offered more room for expansion, a promise that has since been fulfilled. Though attendance numbers hovered around 25,000 for several years, Gen Con grew dramatically in the ‘10s: 30,000 gamers attended Gen Con Indy 2010, over 40,000 were at Gen Con Indy 2012, and a reported 49,000 visited Gen Con Indy 2013.

Though Wizards no longer owns Gen Con, they’ve continued to make it the heart of their D&D presence. They announced D&D 4e at Gen Con Indy 2007 while simultaneously revealing it online, and then published the new edition of the game at Gen Con Indy 2008. Campaign setting publications like Forgotten Realms (2008), Dark Sun (2010), and Neverwinter (2011) were their major Gen Con releases in the years that followed.

In 2013, Gale Force Nine sold Ghosts of Dragonspear Castle, a quickstart adventure that gave the public its first look at the fifth edition of Dungeons & Dragons. And this year, at Gen Con Indy 2014, Wizards is continuing its long tradition of showcasing their most anticipated books and products in Indianapolis. los D&D Starter Set released as of July 15, while the new Player’s Handbook (2014), the core book for Dungeons & Dragons, reaches Wizards Play Network retailers August 8—just before convention days.

It’s been forty years now that Gen Con and Dungeons & Dragons have been closely linked, and that’s a connection that seems destined to continue into the future.

Author’s Note: 40 Years of Gen Con (2007), by Robin D. Laws, and Playing at the World (2012), by Jon Peterson, both provided details for this article. Attendance numbers come from cited numbers collected on the “Gen Con” Wikipedia page they may not be 100% comparable to each other due to numbers being counted in different ways at different times.


The Red Cross of the Geneva Convention. What It Is

Pamplet cover printed as following: "The Red Cross of the Geneva Convention. What It Is by Clara Barton. Washington, D.C. Rufus H. Darby, Steam Power Book and Job Printer, 432 Ninth Street. 1878."

The following was transcribed from The Red Cross of the Geneva Convention. What It Is written and published by Clara Barton in 1878:

To the People of the United States,
Senators and Representatives in Congress:

Having had the honor conferred upon me of appointment by the Central Commission holding the Geneva Convention to present that treaty to this Government, and to take in charge the formation of a National organization according to the plan pursued by the committees working under the treaty, it seems to me but proper, that while I ask the Government to sign it, the people and their representatives should be made acquainted with its origin, designs, methods of work, &c. To this end I have prepared the following statement, and present it to my countrymen and women, hoping they will be led to indorse and sustain a benevolence so grand in its character, and already almost universal in its recognition and adoption by the civilized world.

A confederation of Relief Societies in different countries, acting under the Geneva Convention, carries on its work under the sign of the Red Cross. The aim of these societies is to ameliorate the condition of wounded soldiers in the armies in campaign on land or sea, and to furnish relief in cases of great national calamity.

The societies had their rise in the conviction of certain philanthropic men, that the official sanitary service in wars is usually insufficient, and that the charity of the people, which at such times exhibits itself munificently, should be organized for the best possible utilization. An International Public Conference was called at Geneva, Switzerland, in 1863, which, though it had not an official character, brought together representatives from a number of governments. At this conference a treaty was drawn up, afterwards remodeled and improved, which twenty-five governments have signed.

The treaty provides for the neutrality of all sanitary supplies, ambulances, surgeons, nurses, attendants, and the sick or wounded men, and their safe conduct, when they bear the sign of the organization, viz: the Red Cross.

Although the convention which originated the organization was necessarily international, the Relief Societies themselves are entirely national and independent each one governing itself and making its own laws, according to the genius of its nationality and needs.

The sign of the Red Cross was adopted because it was necessary for recognizance and safety, and for carrying out the general provisions of the treaty, that a uniform badge should be agreed upon. The Red Cross was chosen out of compliment to the Swiss Republic, where the first convention was held, and in which the Central Commission has its headquarters. The Swiss colors being a white cross on a red ground, the badge chosen was these colors reversed.

There are no "members of the Red Cross," but only members of societies whose firmar está. There is no "Order of the Red Cross." The Relief Societies use, each according to its convenience, whatever methods seem best suited to prepare in times of peace for the necessities of sanitary service in times of war. They gather and store gifts of money and supplies arrange hospitals, ambulances, methods of transportation of wounded men, bureaus of information, correspondence, &c. All that the most ingenious philanthropy could devise and execute, has been attempted in this direction.

In the Franco-Prussian war this was abundantly tested. That Prussia acknowledged its beneficence, is proven by the fact that the Emperor affixed the Red Cross to the Iron Cross of Merit.

Although the societies are not international, there is a tacit compact between them, arising from their common origin, identity of aim and mutual relation to the treaty. This compact embraces four principals, viz: centralization, preparation, impartiality, and "solidarity."

1st- C ENTRALIZATION. The efficiency of relief in time of war depends on unity of direction, therefore in every country the Relief Societies have a common central head to which they send their supplies, and which communicates for them with the seat of war or with the surgical military authorities, and it is through this central commission they have governmental recognition.

2d- P REPARATION. It is understood that societies working under the Red Cross shall occupy themselves with preparatory work in times of peace. This gives them a permanence they could not otherwise have.

3d- I MPARTIALITY. The societies of belligerent nations cannot always carry aid to their wounded countrymen who are captured by the enemy this is counterbalanced by the regulation that the aid of the Red Cross societies shall be extended alike to friend and foe.

4th-" S OLIDARITY". This provides that the societies of nations not engaged in war may afford aid to the sick and wounded of belligerent nations without affecting any principle of non-interference their governments may be pledged to. This must be done through the Central Commission, and not through either of the belligerent parties-this insures impartiality of relief.

That these principles are practical, has been thoroughly tested during the fifteen years the Red Cross has existed.

The "Convention" of Geneva does not exist as a society, but is simply a treaty under which all the relief societies of the Red Cross are enabled to carry on their work effectually. In time of war, the members and agents of the societies who go to the seat of war are obliged to have their badges vized by the Central Commission, and by one of the belligerents- this is in order to prevent fraud. Thus the societies and the treaty complement each other. The societies find and execute the relief, the treaty affords them the immunities which enable them to execute.

It is further a part of the raison d'etre of these national relief societies to afford ready succor and assistance to sufferers in time of national or wide-spread calamities, such as plagues, cholera, yellow fever and the like, devastating fires or floods, railway disasters, mining catastrophies, &c. The readiness of organizations like those of the Red Cross to extend help at the instant of need, renders the aid of quadruple value and efficiency to that gathered together hastily and irresponsibly, in the bewilderment and shock which always accompanies such calamities. The trained nurses and also attendants subject to the relief societies, in such cases would accompany the supplies sent, and remain in action as long as needed. Organized in every State, the relief societies of the Red Cross would be ready with money, nurses and supplies, to go on call to the instant relief of all who were overwhelmed by any of those sudden calamities which occasionally visit us. In case of yellow fever, there being an organization in every State, the nurses and attendants would be first chosen from the nearest societies, and being acclimated would incur far less risk to life than if sent from distant localities. It is true that the government is always ready in these times of public need to furnish transportation, and often does much more. In the Mississippi flood, a few years ago, it ordered rations distributed under the direction of army officers in the case of the explosion at the navy-yard, it voted a relief fund, and in our recent affliction at the South, a like course was pursued. But in such cases one of the greatest difficulties is that there is no organizado method of administering the relief which the government or liberal citizens are willing to bestow, nor trained and acclimated nurses ready to give intelligent care to the sick or if there is organization, it is hastily formed in the time of need, and is therefore comparatively inefficient and wasteful. It would seem to be full time that, in consideration of the growth and rapidly accumulating necessities of our country, we should learn to economize our charities, and insure from them the greatest possible practical benevolence. Although we in the United States may fondly hope to be seldom visited by the calamities of war, yet the misfortunes of other nations with which we are on terms of amity appeal to our sympathies our southern coasts are periodically visited by the scourge of yellow fever the valleys of the Mississippi are subject to destructive inundations the plains of the West are devastated by grasshoppers, and our cities and country are swept by consuming fires. In all such cases, to gather and dispense the profuse liberality of our people without waste of time or material requires, the wisdom that comes of experience and permanent organization. Still more does it concern, if not our safety, at least our honor, to signify our approval of those principals of humanity acknowledged by every other civilized nation.

Articles of the Convention for the amelioration of the condition of the wounded in armies in the field. Signed at Geneva on the 22d of August, 1864.

A RTICLE I . Ambulances and military hospitals shall be acknowledged to be neutral and, as such, shall be protected and respected by belligerents so long as any sick or wounded may be therein. Such neutrality shall cease if the ambulances or hospitals shall be held by a military force.

A RT. II . Persons employed in hospitals and ambulances, comprising the staff for superintendence, medical service, administration, transport of wounded, as well as chaplains, shall participate in the benefit of neutrality while so employed, and so long as there remain any wounded to bring in or to succor.

A RT. III . The persons designated in the preceding article may, even after occupation by the enemy, continue to fulfill their duties in the hospital or ambulance which they serve, or may withdraw to join the corps to which they belong. Under such circumstances, when these persons shall cease from these functions, they shall be delivered by the occupying army to the outposts of the enemy. They shall have the special right of sending a representative to the headquarters of their respective armies.

A RT. IV . As the equipment of military hospitals remains subject to the laws of war, persons attached to such hospitals cannot, in withdrawing, carry away articles which are not their private property. Under the same circumstances an ambulance shall, on the contrary, retain its equipment.

A RT. V . Inhabitants of the country who may bring help to the wounded shall be respected and remain free. The generals of the belligerent powers shall make it their care to inform the inhabitants of this appeal addressed to their humanity, and of the neutrality which will be the consequence of it. Any wounded man entertained and taken care of in a house shall be considered as a protection thereto. Any inhabitant who shall have entertained wounded men in his house shall be exempted from the quartering of troops, as well as from the contributions of war which may be imposed.

A RT. VI . Wounded or sick soldiers, whatever their nationality, shall be cared for. Commanders-in-chief shall have the power to deliver immediately to the outposts of the enemy soldiers who have been wounded in an engagement, when circumstances permit this to be done, with the consent of both parties. Those who are recognized as incapable of serving, after they are healed, shall be sent back to their country. The others may also be sent back on condition of not again bearing arms during the continuance of the war. Evacuations, together with the persons under whose direction they take place, shall be protected by an absolute neutrality.

A RT. VII . A distinctive and uniform flag shall be adopted for hospitals, ambulances and evacuated places. It must on every occasion, be accompanied by the National flag. An arm-badge shall also be allowed for individuals neutralized, but the delivery of it shall be left to military authority. The flag and arm-badge shall bear a red cross on a white ground.

A RT. VIII . It is the duty of the conquering army to supervise, as far as circumstances permit, the soldiers who have fallen on the field of battle, to preserve them from pillage and bad treatment, and to bury the dead in conformity with strict sanitary rules. The contracting powers will take care that in time of war every soldier is furnished with a compulsory and uniform token, appropriate for establishing his identity. This token shall indicate his name, place of birth, as well as the army corps, regiment and company to which he belongs. In case of death, this document shall be withdrawn before his burial and remitted to the civil or military authorities of the place of enlistment or home. Lists of dead, wounded, sick and prisoners shall be communicated, as far as possible, immediately after an action, to the commander of the opposing army by diplomatic or military means.

The contents of this article, so far as they are applicable to the marine, and capable of execution, shall be observed by victorious naval forces.

Transcribed from an original document in the Clara Barton National Historic Site museum collection by Volunteer James Finta.


Geneva Convention - HISTORY

In the film, TORTURING DEMOCRACY, Martin Lederman, a legal adviser in the Department of Justice from 1994 to 2002, says, "The prohibition in the Geneva Conventions against cruel treatment turns out to have been probably the most important of the legal restrictions that the Bush administration had to deal with."

According to sources in the film, the administration would have been especially concerned with Common Article 3 of the Geneva Conventions, which bans "violence to life and person," including "cruel treatment and torture [. ] and outrages upon personal dignity, in particular humiliating and degrading treatment."

What are the Geneva Conventions and to whom do they apply? Today they refer to those conventions ratified in the wake of WWII in 1949 and some provisions added in later years. Nearly all 200 countries of the world are "signatory" nations, in that they have ratified these conventions. Learn more about the Conventions and their history below.

Efforts to regulate the conduct of war appear throughout human history — but those agreements only bound the participants in individual conflicts. The first effort at international standards came through the efforts of Swiss businessman Henri Dunant, the founder of the International Red Cross. Dunant was horrified by witnessing the aftermath of the Battle of Soliferno in Northern Italy.

Dunant subsequently visited Emperor Napoleon III in France and persuaded him to issue the following orders to his soldiers: "Doctors and surgeons attached to the Austrian armies and captured while attending to the wounded shall be unconditionally released. "

Dunant carried on his crusade, founding in 1863, the International Committee of the Red Cross to combat human suffering. In 1864 Dunant invited 13 nations to take part in a conference on the humane conduct of war. The result was the first Geneva Convention, which provided for the neutrality of ambulance and military hospitals, the non-belligerent status of persons who aid the wounded, and sick soldiers of any nationality, the return of prisoners to their country if they are incapable of serving, and the adoption of a white flag with a red cross as symbol of neutrality.

By the time of World War I, the Red Cross was a potent symbol of both humanitarian relief and, as in the poster at left, of calls to wartime patriotism as well.

The first Geneva Convention had been supplemented by treaties from 1899 concerning asphyxiating gases and expanding bullets. The Second Geneva Convention, which extended the principals of the first to war at sea, was signed in 1906.

But the real change in thinking around warfare was related to the treatment of prisoners of war and to defining who qualified for such protection. As early as 1899 a convention in The Hague drafted 18 articles to the care of POWs — these articles were included in the international agreement The Hague Convention of 1907.

As the scope of the First World War became clear, the International Red Cross lobbied combatants to agree to standard humanitarian rules in relation to prisoner treatment. It advocated the creation of a central office and special prisoner-of-war commissions. However, it was not until after the end of the war that new rules were codified in new Geneva Convections. In 1929, two more Geneva Conventions dealt with the treatment of the wounded and prisoners of war.

The horrors of World War II added great impetus to the press of a comprehensive humanitarian standard governing warfare. Although the provisions of the 1929 conventions were in effect, and Germany was a signatory to that convention, the Red Cross and other agencies could not forestall the large-scale atrocities taking place on the battlefields, and in prisoner of war camps in Europe and the Far East.

    : For the Amelioration of the Condition of the Wounded and Sick in Armed Forces in the Field : For the Amelioration of the Condition of Wounded, Sick and Shipwrecked Members of Armed Forces at Sea : Relative to the Treatment of Prisoners of War
  • Convention IV: Relative to the Protection of Civilian Persons in Time of War : Protection of Victims of International Armed Conflicts, extends protection to victims of wars against racist regimes, wars of self determination, and against alien oppression. : Protection of Victims of Non-International Armed Conflicts.

THE JOURNAL ON TORTURE
BILL MOYERS JOURNAL resources and interviews about torture and the rule of law.

THE GENEVA CONVENTIONS
Explore the history of the Geneva Conventions.


A History of The Geneva Conventions

We often hear about the Geneva Conventions as they relate to the treatment of war prisoners — a very contemporary and relevant subject given U.S. detention and torture of terrorism suspects in the post-9/11 period. But where did the guidelines come from, what rights do they specifically call out, and to whom do they apply? Here’s a quick look and the history behind the Geneva Conventions.

THE FIRST CONVENTIONS

Efforts to regulate the conduct of war appear throughout human history — but those agreements only bound the participants in individual conflicts. The first effort at international standards came through the efforts of Swiss businessman Henri Dunant, the founder of the International Red Cross. Dunant was horrified by witnessing the aftermath of the Battle of Soliferno in Northern Italy.

Dunant subsequently visited Emperor Napoleon III in France and persuaded him to issue the following orders to his soldiers: “Doctors and surgeons attached to the Austrian armies and captured while attending to the wounded shall be unconditionally released…”

Dunant carried on his crusade, founding in 1863, the International Committee of the Red Cross to combat human suffering. In 1864 Dunant invited 13 nations to take part in a conference on the humane conduct of war. The result was the first Geneva Convention, which provided for the neutrality of ambulance and military hospitals, the non-belligerent status of persons who aid the wounded, and sick soldiers of any nationality, the return of prisoners to their country if they are incapable of serving, and the adoption of a white flag with a red cross as symbol of neutrality

WORLD WAR I

By the time of World War I, the Red Cross was a potent symbol of both humanitarian relief and, as in the poster at right, of calls to wartime patriotism as well.

The first Geneva Convention had been supplemented by treaties from 1899 concerning asphyxiating gases and expanding bullets. The Second Geneva Convention, which extended the principals of the first to war at sea, was signed in 1906.

But the real change in thinking around warfare was related to the treatment of prisoners of war and to defining who qualified for such protection. As early as 1899 a convention in The Hague drafted 18 articles to the care of POWs — these articles were included in the international agreement The Hague Convention of 1907.

As the scope of the First World War became clear, the International Red Cross lobbied combatants to agree to standard humanitarian rules in relation to prisoner treatment. It advocated the creation of a central office and special prisoner-of-war commissions. However, it was not until after the end of the war that new rules were codified in new Geneva Convections. In 1929, two more Geneva Conventions dealt with the treatment of the wounded and prisoners of war.

WORLD WAR II TO THE PRESENT

The horrors of World War II added great impetus to the press for a comprehensive humanitarian standard governing warfare. Although the provisions of the 1929 conventions were in effect, and Germany was a signatory to that convention, the Red Cross and other agencies could not forestall the large-scale atrocities taking place on the battlefields, and in prisoner of war camps in Europe and the Far East.

The result was the Geneva Conventions of 1949, which updated the earlier conventions and adds a fourth convention relative to the treatment of civilians in the time of war. In 1977 two additional protocols were added relating to “Hostile Use of Environmental Techniques” and extending the protections of all conventions to civil wars.


Ver el vídeo: Tercer Convenio de Ginebra