¿Por qué fue España, no Tlaxcala, la que dominó Mesoamérica a pesar de que los tlaxcaltecas fueron la fuerza principal en la conquista de Tenochtitlán?

¿Por qué fue España, no Tlaxcala, la que dominó Mesoamérica a pesar de que los tlaxcaltecas fueron la fuerza principal en la conquista de Tenochtitlán?

Ha sido una pregunta que me hace pensar, desde la primera vez que leí sobre la historia de los aztecas. En la caída de Tenochtitlán, como se conoce comúnmente, los tlaxcaltecas (tlaxcaltecas) eran la fuerza principal, acompañados de muchas facciones indígenas (¡incluso facciones en la misma Triple Alianza!), Sumadas a muchos 100.000. En comparación con las tropas españolas, que tenían solo alrededor de 500-1000 hombres, la fuerza española era muy, muy pequeña.

Dados los hechos anteriores, es algo contradictorio que, después de la caída de Tenochtitlán, España en lugar de Tlaxcala pareciera ser la principal potencia dominante en el territorio, y los tlaxcaltecas jugaron un papel más pasivo (incluso en el proceso de conquista los tlaxcaltecas parecían desempeñar un papel subordinado al español, no en igualdad de condiciones, a pesar de ser una fuerza mayor).

¿Por qué terminó así la conquista?


Cuando Cortés estaba luchando contra los aztecas, había un equilibrio de poder aproximado entre los aztecas, los tlaxcaltecas y los españoles. Los aztecas perdieron porque estaban en el "lado" equivocado de una pelea a tres bandas y fueron prácticamente destruidos. Eso dejó a españoles y tlaxcaltecas como "iguales" por el momento.

Pero después, los españoles enviaron refuerzos de hombres, y particularmente artillería, desde Cuba. Con estos refuerzos, los españoles eran más fuertes que los tlaxcaltecas, a quienes trataban como "socios menores".

En la lucha posterior, p. Ej. en Centroamérica, los tlaxcaltecas se "aliaron" con los españoles contra otros pueblos originarios. Más concretamente, los tlaxcaltecas no recibieron "refuerzos" al hacer causa común con esos otros nativos frente a los españoles.


Tlaxcala era lo suficientemente fuerte como para ser independiente de Tenochtitlán y la Triple Alianza, mientras los combatía en las regulares "guerras de flores" que proporcionaban víctimas de sacrificio y oportunidades de valor. Sin embargo, a diferencia del estado mexica, Tlaxcala no intentaba expandirse.

Cuando Cortés se mudó tierra adentro, eligió pasar por Tlaxcala en lugar de Cholula, al menos en parte porque esta última era un sujeto mexica. En Tlaxcala los españoles ganaron dos batallas y se defendieron con éxito de un ataque nocturno. Los caciques tlaxcaltecas se vieron obligados a aceptar proporcionar a Cortés soldados, mujeres y alimentos. Los tlaxcaltecas habían podido mantenerse libres de los mexicas, pero se convirtieron en súbditos de España. El casi contemporáneo Lienzo de Tlaxcala incluye esta imagen del rey tlaxcalteca Xicotencatl el Viejo recibiendo a Cortés y Malinche mientras contemplan su asalto a Tenochtitlán:

Posiblemente relacionado con su papel como la primera fuerza nativa aliada con España, Tlaxcala se convirtió en la sede del primer obispado de México. Algunos tlaxcaltecas fueron posteriormente pobladores de la Gran Chichimeca.

Fuentes: La forja de la raza cósmica (MacLachlan y Rodríguez O.); El descubrimiento y la conquista de México (Díaz del Castillo)


Conquista española del imperio azteca

los Conquista española del imperio azteca, también conocido como el Conquista de mexico o la Guerra Hispano-Azteca (1519–21), [7] fue uno de los principales eventos de la colonización española de América. Hay múltiples narrativas del siglo XVI sobre los eventos de los conquistadores españoles, sus aliados indígenas y los aztecas derrotados. No fue únicamente una contienda entre un pequeño contingente de españoles que derrotaron al Imperio azteca, sino más bien la creación de una coalición de invasores españoles con tributarios de los aztecas, y muy especialmente de los enemigos y rivales indígenas de los aztecas. Combinaron fuerzas para derrotar a los mexicas de Tenochtitlán durante un período de dos años. Para los españoles, la expedición a México era parte de un proyecto de colonización española del Nuevo Mundo después de veinticinco años de asentamiento español permanente y más exploración en el Caribe.

Apoyo o aliados ocasionales b:

Reinos independientes y ciudades-estado:

200.000 aztecas muertos (incluidos civiles) [4]

Tras una expedición anterior a Yucatán dirigida por Juan de Grijalva en 1518, el conquistador español Hernán Cortés dirigió una expedición (entrada) a México. Dos años después, en 1519, Cortés y su séquito zarparon hacia México. [8] La campaña española contra el Imperio azteca tuvo su victoria final el 13 de agosto de 1521, cuando un ejército de coalición de fuerzas españolas y guerreros nativos tlaxcaltecas liderados por Cortés y Xicotencatl el Joven capturó al emperador Cuauhtémoc y Tenochtitlan, la capital del Imperio azteca. . La caída de Tenochtitlan marca el comienzo del dominio español en el centro de México, y establecieron su capital, Ciudad de México, sobre las ruinas de Tenochtitlan.

Cortés hizo alianzas con ciudades-estado tributarias (altepetl) del Imperio Azteca, así como de sus rivales políticos, en particular los tlaxcaltecas y tezcascos, ex socio de la Triple Alianza Azteca. También se unieron otras ciudades-estado, incluidas Cempoala y Huejotzingo y las entidades políticas que bordean el lago Texcoco, el sistema lacustre interior del Valle de México. Particularmente importante para el éxito español fue una esclava indígena multilingüe (náhuatl, un dialecto maya y español), conocida por los conquistadores españoles como Doña Marina, y generalmente como La Malinche. Tras ocho meses de batallas y negociaciones, que vencieron la resistencia diplomática del emperador azteca Moctezuma II a su visita, Cortés llegó a Tenochtitlán el 8 de noviembre de 1519, donde se instaló con sus compatriotas y sus aliados indígenas. Cuando llegó a Cortés la noticia de la muerte de varios de sus hombres durante el ataque azteca a los totonacas en Veracruz, Cortés asegura que tomó cautivo a Motecuhzoma. La captura del cacique o gobernante indígena era un procedimiento operativo estándar para los españoles en su expansión en el Caribe, por lo que la captura de Motecuhzoma tenía un precedente considerable, pero los estudiosos modernos se muestran escépticos de que Cortés y sus compatriotas tomaron cautivo a Motecuhzoma en este momento. Tenían un gran incentivo para afirmar que sí, debido a las leyes de España en ese momento, pero el análisis crítico de sus escritos personales sugiere que Motecuhzoma no fue tomado cautivo hasta una fecha muy posterior. [9]

Cuando Cortés salió de Tenochtitlan para regresar a la costa y hacer frente a la amenaza de la expedición de Pánfilo de Narváez, Cortés dejó a Pedro de Alvarado a cargo de Tenochtitlan. Cortés partió con un pequeño ejército a la costa con el plan de atacar durante la noche. Después de derrotar a la flota de Narváez, Cortés convenció a la mayoría de la tripulación de su enemigo de ir con él prometiéndole grandes riquezas. Al llegar a Tenochtitlán, Cortés y la nueva fuerza ampliada recibieron el mensaje de que "los aztecas se habían alzado contra la guarnición española" durante una celebración religiosa. [10] Alvarado ordenó a su ejército que atacara a la multitud desarmada y luego afirma que los aztecas habían utilizado la celebración para encubrir un contraataque. Cortés se dio cuenta de que la derrota era inminente y decidió escapar, pero los aztecas atacaron. La Masacre es más conocida como la Noche Triste (la noche dolorosa) alrededor de "400 españoles, 4000 aliados nativos y muchos caballos [fueron asesinados] antes de llegar al continente". [10] Moctezuma fue asesinado, aunque las fuentes no coinciden en quién lo mató. [11] Según un relato, cuando Moctezuma, ahora visto por la población como una mera marioneta de los invasores españoles, intentó calmar a la indignada población, fue asesinado por un proyectil. [12] Según un relato indígena, los españoles mataron a Moctezuma. [13] Cortés había regresado a Tenochtitlan y sus hombres huyeron de la ciudad capital durante la Noche Triste de junio de 1520. Los españoles, tlaxcaltecas y refuerzos regresaron un año después, el 13 de agosto de 1521, a una civilización debilitada por el hambre y la viruela. Esto facilitó la conquista de los aztecas restantes. [14] La victoria de los españoles se atribuye a sus avances tecnológicos y la vulnerabilidad del imperio azteca debido a la propagación de la viruela. Como resultado, las tácticas de los aztecas para contrarrestar la tecnología avanzada del español son subestimadas. Según Hassig, "es cierto que cañones, pistolas, ballestas, espadas de acero, caballos y perros de guerra avanzaban sobre el armamento de los aztecas. Pero la ventaja que dieron a unos pocos cientos de soldados españoles no fue abrumadora". [15] En palabras de Restall, "las armas españolas fueron útiles para romper las líneas ofensivas de oleadas de guerreros indígenas, pero esta no fue una fórmula de conquista. Más bien, fue una fórmula de supervivencia, hasta que llegaron los refuerzos españoles e indígenas". [7]

La integración de los aliados indígenas, esencialmente los de Tlaxcala y Texcoco, en el ejército español jugó un papel crucial en la conquista, pero otros factores allanaron el camino para el éxito de los españoles. Por ejemplo, el momento de entrada de los españoles, las ideologías convincentes de ambos grupos y la falta de familiaridad de los españoles con el Imperio azteca. Por lo tanto, los españoles carecían de sentido de peligro y estructura de poder dentro del imperio. "Un ataque directo a una ciudad tan poderosa como Tenochtitlan era improbable e inesperado" por parte de los imperios enemigos. Además, era muy poco común que un ejército atacante llegara sin previo aviso. [15] Además, además de la infantería y el papel de los aliados en la conquista española, la caballería fue el "brazo de decisión en la conquista" y "el ingrediente clave de las fuerzas españolas". [dieciséis]

Muchos de los que participaron en la expedición a Cortés de 1519 nunca habían visto combate antes, incluido Cortés. Toda una generación de españoles participó posteriormente en expediciones en el Caribe y Tierra Firme (Centroamérica), aprendiendo estrategia y tácticas de empresas exitosas. La conquista española de México tuvo antecedentes de prácticas establecidas. [17]

La caída del Imperio azteca fue el evento clave en la formación del Imperio español en ultramar, con Nueva España, que luego se convirtió en México.


La capital azteca cae en manos de Cortés

Después de un asedio de tres meses, las fuerzas españolas al mando de Hern & # xE1n Cort & # xE9s capturan Tenochtitl & # xE1n, la capital del imperio azteca. Los hombres de Cort & # xE9s & # x2019 arrasaron la ciudad y capturaron a Cuauht & # xE9moc, el emperador azteca.

Tenochtitl & # xE1n fue fundada en 1325 d.C. por una tribu errante de cazadores y recolectores en islas en el lago Texcoco, cerca del actual sitio de la Ciudad de México. En solo un siglo, esta civilización se convirtió en el imperio azteca, en gran parte debido a su avanzado sistema de agricultura. El imperio llegó a dominar el centro de México y con el ascenso de & # xA0Montezuma & # xA0II en 1502 había alcanzado su mayor extensión, extendiéndose tan al sur como quizás la actual Nicaragua. En ese momento, el imperio se mantenía unido principalmente por la fuerza militar azteca, y & # xA0Montezuma & # xA0II se propuso establecer una burocracia, creando provincias que pagarían tributo a la capital imperial de Tenochtitl & # xE1n. Los pueblos conquistados resintieron las demandas aztecas de tributo y víctimas por los sacrificios religiosos, pero los militares aztecas mantuvieron a raya la rebelión.

Mientras tanto, Hern & # xE1n Cort & # xE9s, un joven noble nacido en España, llegó a La Española en las Indias Occidentales en 1504. En 1511, navegó con Diego Vel & # xE1zquez para conquistar Cuba y dos veces fue elegido alcalde de Santiago, la capital de Hispaniola. En 1518, fue nombrado capitán general de una nueva expedición española al continente americano. Vel & # xE1zquez, el gobernador de Cuba, luego rescindió la orden, y Cort & # xE9s zarpó sin permiso. Visitó la costa de Yucat & # xE1n y en marzo de 1519 aterrizó en Tabasco en México & # x2019s Bay of Campeche con 500 soldados, 100 marineros y 16 caballos. Allí, se ganó a los indios locales y le dieron una esclava, Malinche & # x2014bautized Marina & # x2014, que se convirtió en su amante y luego le dio un hijo. Conocía tanto a mayas como a aztecas y se desempeñó como intérprete. La expedición procedió luego a la costa mexicana, donde Cort & # xE9s fundó Veracruz, principalmente con el propósito de que la colonia lo eligiera capitán general, sacudiéndose así la autoridad de Vel & # xE1zquez y haciéndolo responsable solo ante el rey Carlos V de España. .

En Veracruz, Cort & # xE9s entrenó a su ejército y luego quemó sus barcos para asegurar la lealtad a sus planes de conquista. Después de enterarse de las luchas políticas en el imperio azteca, Cort & # xE9s condujo su fuerza al interior de México. En el camino a Tenochtitl & # xE1n, se enfrentó con los indios locales, pero muchas de estas personas, incluida la nación de Tlaxcala, se convirtieron en sus aliados después de enterarse de su plan para conquistar a sus odiados gobernantes aztecas. Al enterarse del acercamiento de Cort & # xE9s, con sus espantosos caballos y sofisticadas armas, Montezuma II trató de comprarlo, pero Cort & # xE9s no se dejó disuadir. El 8 de noviembre de 1519, a los españoles y sus mil guerreros tlaxcaltecas se les permitió entrar a Tenochtitl & # xE1n sin oposición.

Moctezuma sospechaba que eran enviados divinos del dios Quetzalcatl, de quien se profetizó que regresaría del este en un año & # x201COne Reed & # x201D, que era 1519 en el calendario azteca. Los españoles fueron recibidos con gran honor, y Cortés aprovechó la oportunidad y tomó como rehén a Moctezuma para poder gobernar el imperio a través de él. Su amante, Marina, fue de gran ayuda en este esfuerzo y logró convencer a Montezuma de que cooperara plenamente.

En la primavera de 1520, Cort & # xE9s se enteró de la llegada de una fuerza española desde Cuba, liderada por P & # xE1nfilo Narvez y enviada por Vel & # xE1zquez para privar a Cort & # xE9s de su mando. Cort & # xE9s condujo a su ejército fuera de Tenochtitl & # xE1n para enfrentarlos, dejando atrás una guarnición de 80 españoles y unos cientos de tlaxcaltecas para gobernar la ciudad. Cort & # xE9s derrotó a Narvez y reclutó al ejército de Narvez & # x2019 en el suyo. Cuando regresó a Tenochtitl & # xE1n en junio, encontró la guarnición sitiada por los aztecas, que se habían rebelado después de que el subordinado que Cort & # xE9s dejó al mando de la ciudad masacró a varios jefes aztecas y la población al borde de la revuelta. El 30 de junio, bajo presión y sin comida, Cort & # xE9s y sus hombres lucharon para salir de la capital a un alto costo. Conocido por los españoles como La Noche Triste, o & # x201C la noche de la tristeza & # x201D, muchos soldados se ahogaron en el lago Texcoco cuando se hundió la embarcación que los transportaba y los tesoros aztecas atesorados por Cort & # xE9s. Moctezuma fue asesinado en los combates y en los informes aztecas de los españoles, y en los informes españoles de una turba azteca amargada por la sumisión de Moctezuma al dominio español. Fue sucedido como emperador por su hermano, Cuitl & # xE1huac.

Durante la retirada de los españoles, derrotaron a un gran ejército azteca en Otumba y luego se reunieron con sus aliados tlaxcaltecas. En mayo de 1521, Cort & # xE9s regresó a Tenochtitl & # xE1n y, tras un asedio de tres meses, la ciudad cayó. Esta victoria marcó la caída del imperio azteca. Cuauht & # xE9moc, sucesor de Cuitl & # xE1huac & # x2019 como emperador, fue hecho prisionero y luego ejecutado, y Cort & # xE9s se convirtió en el gobernante de un vasto imperio mexicano.

El conquistador español dirigió una expedición a Honduras en 1524 y en 1528 regresó a España para ver al rey. Charles lo nombró Marqués del Valle, pero se negó a nombrarlo gobernador por sus peleas con Velázquez y otros. En 1530, regresó a México, ahora conocido como Nueva España, y encontró el país en desorden. Después de restablecer algo de orden, se retiró a su finca al sur de la Ciudad de México y envió expediciones marítimas desde la costa del Pacífico. En 1540, regresó a España y fue desatendido por la corte. Murió en 1547.


Asedio de Tenochtitlán

Tenochtitlán estaba situado en una isla artificial en medio del lago de Texcoco. Estaba conectado al continente por tres grandes calzadas. En mayo de 1521 Cortés y su ejército de coalición llegaron a las afueras de la capital azteca y sitiaron la ciudad. Su fuerza contaba con más de 800 conquistadores y decenas de miles de guerreros indígenas. Había transportado sus barcos desde Tlaxcala por tramos, y éstos resultaron útiles porque le permitieron rodear la ciudad desde el agua y por las calzadas. Cargó los barcos con cañones y montó varios asaltos en Tenochtitlán mientras cortaba el suministro de agua y comida a los aztecas.

En el transcurso de 93 días, los españoles y sus aliados montaron asalto tras asalto contra los defensores aztecas, desgastando gradualmente a los defensores. Cortés ganó el apoyo de los súbditos aztecas vecinos que vieron el asedio como una oportunidad para deshacerse del reinado azteca para siempre. Cuando por fin rompieron las defensas de la ciudad, los españoles y sus aliados indígenas fueron despiadados. Sometieron a los aztecas calle a calle, masacrando indiscriminadamente y saqueando lo que pudieron. Se quemaron casas y se destruyeron templos. Tras el saqueo de Tenochtitlán, Cortés declaró la ciudad suya el 13 de agosto de 1521. Cuauhtémoc intentó escapar con algunos de sus leales consejeros y nobles, pero fueron descubiertos y capturados, y posteriormente Cuauhtémoc fue ahorcado.


Términos de prueba de América Latina

Nacido en Medellín, España, en el seno de una familia de menor nobleza, Cortés optó por ganarse la vida en el Nuevo Mundo. Se fue a La Española y luego a Cuba, donde recibió una encomienda y, por un corto tiempo, se convirtió en alcalde (magistrado) del segundo pueblo español fundado en la isla. En 1519, fue elegido capitán de la tercera expedición al continente, una expedición que financió en parte. Su enemistad con el gobernador de Cuba, Diego Velázquez de Cuéllar, resultó en la revocatoria de la expedición en el último momento, orden que Cortés ignoró.

Se desarrolló una cultura próspera y la civilización mexica llegó a dominar a otras tribus de todo México. La pequeña isla natural se amplió perpetuamente a medida que Tenochtitlan crecía hasta convertirse en la ciudad más grande y poderosa de Mesoamérica. Se desarrollaron rutas comerciales que traían mercancías desde lugares tan lejanos como el Golfo de México, el Océano Pacífico y quizás incluso el Imperio Inca.

Después de una inundación del lago Texcoco, la ciudad fue reconstruida bajo el gobierno de Ahuitzotl en un estilo que la convirtió en una de las más grandiosas de Mesoamérica.

El conquistador español Hernán Cortés llegó a Tenochtitlan el 8 de noviembre de 1519. Con una población estimada entre 200.000 y 300.000, muchos estudiosos creen que Tenochtitlan se encontraba entre las ciudades más grandes del mundo en ese momento. En comparación con Europa, solo París, Venecia y Constantinopla podrían haberlo rivalizado. Tenía cinco veces el tamaño del Londres contemporáneo de Enrique VIII. En una carta al rey de España, Cortés escribió que Tenochtitlan era tan grande como Sevilla o Córdoba. Los hombres de Cortés estaban asombrados al ver la espléndida ciudad y muchos se preguntaban si estaban en un sueño.

Durante su reinado, el Imperio Azteca alcanzó su tamaño máximo. Mediante la guerra, Moctezuma expandió el territorio hasta el sur de Xoconosco en Chiapas y el istmo de Tehuantepec, e incorporó al pueblo zapoteca y yopi al imperio. Cambió el sistema meritocrático de jerarquía social anterior y amplió la división entre pipiltin (nobles) y macehualtin (plebeyos) al prohibir a los plebeyos trabajar en los palacios reales.

La campaña comenzó en febrero de 1519 y fue declarada victoriosa el 13 de agosto de 1521, cuando un ejército de coalición de fuerzas españolas y guerreros nativos tlaxcaltecas liderados por Hernán Cortés y Xicotencatl el Joven capturó al emperador Cuauhtémoc y Tenochtitlán, la capital del Imperio azteca.

Durante la campaña, a Cortés se le ofreció el apoyo de varios afluentes y rivales de los aztecas, incluidos los totonacas y los tlaxcaltecas, texcocanos y otras ciudades-estado, en particular, que bordean el lago de Texcoco. En su avance, los aliados fueron engañados y emboscados varias veces por los pueblos que encontraron. Después de ocho meses de batallas y negociaciones, que vencieron la resistencia diplomática del emperador azteca Moctezuma II a su visita, Cortés llegó a Tenochtitlán el 8 de noviembre de 1519, donde se instaló en residencia recibido por Moctezuma. Cuando llegó a Cortés la noticia de la muerte de varios de sus hombres durante el ataque azteca a los totonacas en Veracruz, aprovechó para llevar cautivo a Moctezuma en su propio palacio y gobernó a través de él durante meses. La captura del cacique o gobernante indígena era un procedimiento operativo estándar para los españoles en su expansión en el Caribe, por lo que la captura de Moctezuma tenía un precedente considerable, que bien podría haber incluido a los de España durante la reconquista cristiana del territorio en manos de los musulmanes.

Cuando Cortés salió de Tenochtitlán para regresar a la costa y ocuparse de la expedición de Pánfilo de Narváez, quedó a cargo Pedro de Alvarado. Alvarado permitió que se celebrara una importante fiesta azteca en Tenochtitlán y, siguiendo el patrón de la masacre anterior en Cholula, cerró la plaza y masacró a los nobles aztecas celebrantes. La biografía de Cortés de Francisco López de Gómara contiene una descripción de la masacre. La masacre de Alvarado en el Templo Principal de Tenochtitlán precipitó la rebelión de la población de la ciudad. Cuando el emperador capturado Moctezuma II, ahora visto como una mera marioneta de los invasores españoles, intentó calmar a los indignados aztecas, fue asesinado por un proyectil. Cortés, que para entonces había regresado a Tenochtitlán, y sus hombres tuvieron que luchar para salir de la ciudad capital durante la Noche Triste en junio de 1520. Sin embargo, los españoles y tlaxcaltecas regresarían con refuerzos y un asedio que condujo a la caída. de Tenochtitlan un año después, el 13 de agosto de 1521.


Conquistando a los aztecas

Cortés había oído hablar de los aztecas y sabía que ellos, y su líder Moctezuma II, eran una fuerza principal en México. "Llegó a la gran capital azteca de Tenochtitlán en 1519", dijo Cosme. "Aunque fue amablemente recibido por el emperador azteca Moctezuma, las intenciones de Cortés fueron menos benévolas". Se propuso gobernarlos.

Sin que Cortés lo supiera, su llegada coincidió con una importante profecía azteca. El dios azteca Quetzalcoatl, a quien atribuyeron la creación de humanos entre otras hazañas notables, estaba listo para regresar a la Tierra. Pensando que Cortés podría ser Quetzalcoatl, Moctezuma saludó a la fiesta con gran honor.

Moctezuma envió enviados para encontrarse con el conquistador a medida que se acercaba. Los aztecas estaban fascinados por la piel clara de los españoles y la vista de los hombres a caballo, a los que describían como bestias de dos cabezas y seis patas. Los españoles dispararon tiros que dejaron atónitos a los nativos y los intimidaron aún más.

Cortés entró en la ciudad, la saqueó y tomó como rehén a Moctezuma. La Malinche ayudó a Cortés a manipular a Montezuma y gobernar Tenochtitlán a través de él. "También se dice que ella informó a Cortés de un complot azteca para destruir su ejército", dijo Cosme.

El ejército español tuvo ayuda para saquear la ciudad. Aunque Cortés esclavizó a gran parte de la población nativa, otros grupos indígenas fueron fundamentales para su éxito, según Cosme. Entre ellos estaba la gente de Tlaxcala, quienes lo ayudaron a reagruparse y tomar Tenochtitlán. "Los aztecas no siempre fueron gobernantes populares entre sus ciudades sometidas. Cuando Cortés se enteró de esto, pudo usar esto en su beneficio", dijo Cosme. "Xicotenga, un gobernante de la ciudad de Tlaxcala, vio un aliado en Cortés, y una oportunidad para destruir el imperio azteca. Formaron una alianza, y Cortés recibió varios miles de guerreros para agregar a sus filas. Mientras que los españoles todavía tenían armamento superior & mdash cañones, pistolas, espadas & mdash el conocimiento adicional sobre los estilos de lucha azteca y las defensas que le dio Xicotenga, además de los hombres adicionales, le dio a Cortés una ventaja útil ".


El zapoteco de Monte Alb & aacuten

La siguiente gran cultura fue la de los zapotecas, su ciudad capital de Monte Alb & aacuten, fue construida durante un período de 2,000 años, comenzando alrededor del 900 a.C. Aunque su arte temprano muestra la influencia olmeca, no cabe duda de que la gente de Monte Alb & aacuten era zapoteca. Quienes durante el Clásico tuvieron la oportunidad de desarrollar su civilización, ajenos a los grandes disturbios que perturbaron a Teotihuac & aacuten y a los mayas al final del Clásico Temprano.


¡ES LA MISMA HISTORIA!

Obviamente, no tiene sentido continuar:

Claramente, como es típico de los blancos y sus historias "inventadas", lo anterior no es historia, es una grabación enlatada de unos pocos blancos, derrotando a miles de no blancos, sacados a relucir como lo requiere la situación histórica. En ambos casos, otras fuentes indican que los aliados nativos de los españoles se contaban por varias decenas de miles, y fueron ELLOS quienes conquistaron a los aztecas y a los incas. En América del Sur, algunas de estas tribus fueron lo suficientemente tontas como para DEMANDAR a los españoles en los tribunales ESPAÑOLES, por los derechos y beneficios que se les prometieron, pero que nunca recibieron.

Véase a continuación: Litigio sobre los derechos de los "señores naturales" en los primeros tribunales coloniales de los Andes por JOHN V. MURRA.

Litigio sobre los derechos de & ldquoNatural Lords & rdquo en los primeros tribunales coloniales en los Andes

por JOHN V. MURRA

INSTITUTO DE INVESTIGACIÓN ANDINA

EN LOS PRIMEROS DÍAS DE LA INVASIÓN EUROPEA, cuando la resistencia Inka, potencialmente tan amenazante, resultó virtualmente ausente (Lockhart 1972), los Pizarro adquirieron un firme aliado, los señores Wanka / Cañtildearis. Fue en su territorio, Xauxa, donde los europeos establecieron su primera capital. Junto con miles de soldados y porteadores, los Canaris proporcionaron a los recién llegados información estratégica, además de alimentos y armas almacenados en cientos de almacenes construidos por los Inka y llenados localmente (Polo de Ondegardo 1940 [1561]). En una región donde los Inka habían logrado improvisar algo de resistencia, como en Huyacutenuco, los europeos tuvieron que llamar a las tropas de Canaris para ayudarlos a sofocar y sofocar la rebelión. Toda esta ayuda proporcionada a los europeos fue registrada con cuidado en un khipu. los señores de Canaris. Este registro fue descrito por primera vez por Cieza de Le & oacuten, unos quince años después de la invasión. Posteriormente, dicha contabilidad fue objeto de un litigio iniciado en la corte virreinal de Lima por uno de los señores que en 1532 había abierto el país a las tropas de Carlos V (Murra 1975). Este hombre, don Francisco Cusichac, se sintió traicionado por el maltrato de su pueblo y el descuido de sus propios privilegios. La noción de que su Canaris, y él junto con ellos, iban a ser otorgados en encomienda a algún recién llegado europeo era impactante Cusichac razonó que si había algún encomendero, él Cusichac, era el candidato más apropiado (Espinoza Soriano 1972). Hacia 1560, los Canaris habían hecho muchos ajustes al dominio europeo. El más notable fue el entrenamiento intensivo de sus hijos en el nuevo idioma y creencias. Varios de estos jóvenes bilingües, acompañados de sus propios notarios al estilo europeo, viajaron a España para solicitar ante la corte una recompensa por servicios pasados ​​del emperador o de su hijo (Espinoza Soriano 1972). Algunos de estos "señores incoonaturales" fueron recibidos por el monarca, algunos recibieron escudos de armas al estilo español. Uno de los peticionarios solicitó que la corona le otorgara el derecho a vender y comprar tierras, privilegio desconocido en los Andes. Hacia 1570, cuando el nuevo virrey, Francisco de Toledo, decidió realizar una inspección de las provincias montañosas de la corona y los rsquos, don Francisco Cusichac y toda su generación estaban muertos. Ahora estaban a cargo sus hijos, algunos de ellos hombres muy jóvenes que unos quince años antes habían conocido a Carlos V oa su hijo Felipe en Europa. El nuevo virrey pidió a todas las autoridades nativas que mostraran sus credenciales europeas y muchas lo hicieron. Toledo ordenó quemar los pergaminos reunidos. Este fue el comienzo de una campaña contra los linajes de la élite andina que habían colaborado con los invasores, un esfuerzo por destruir la evidencia europea de lo que la corona española había otorgado una vez.

El único otro grupo que fue tratado con tanta dureza por Toledo fueron los descendientes de otro ala de la élite andina que también se puso del lado de los invasores desde los primeros días. Estos fueron los "quosons" y herederos de Pawllu Thupa, el único Inka y ldquoprince "que hizo las paces, temprana y abiertamente, con los europeos. Pawllu los había ayudado a atravesar dificultades extremas, particularmente la invasión de Chile por parte de Almagro & rsquos. Muchos atribuyeron la eficacia de ese empuje hacia el sur a la capacidad de Pawllu Thupa & rsquos para movilizar a los señores de Charcas, la región conocida hoy como Bolivia. Por sus servicios, a Pawllu se le había permitido quedarse con "sus indios", terrazas de hojas de coca, campos de producción de alimentos y muchas otras riquezas incas. En 1550 se llevó a cabo una prueba en la muerte de Pawllu & rsquos: varios europeos intentaron privar a los "indios" herederos "rsquos" de estas tierras y pueblos, pero el representante del emperador y rsquos, el obispo LaGasca, se resistió a tales afirmaciones. Durante las siguientes dos décadas, Pawllu & rsquos muchos hijos fueron un distinguido y rico linaje en Cuzco. Hablaban español, invirtieron en el comercio de hoja de coca a larga distancia a las minas de Potosí y emplearon a europeos en sus diversas empresas. El heredero principal, don Carlos, estaba casado con una mujer europea. Treinta y cinco años después de la invasión, los herederos Pawllu Thupa & rsquos eran el único grupo de Inkas en Cuzco que había logrado aferrarse tanto al estatus como a la riqueza (Glave 1991).

Cuando Toledo llegó a Cuzco de camino a las minas de Potosí, seleccionó el linaje de Pawllu y rsquos para una atención especial. Como en Xauxa, se ordenó a los señores. Estas mercedes están transcritas de los originales en el Archivo General de Indias, Sevilla: sección Lima, legajo 567, lib. 8, fols. 107v & ndash108r véanse también otras subvenciones citadas por Espinoza Soriano (1972). Cartas de Francisco de Toledo a Felipe II, encontradas en la Biblioteca Nacional de Madrid. Ver testamento de Pawllu Thupa & rsquos publicado en Revista del Archivo Hist & oacuterico del Cuzco (1950: 275, 286).

Los litigios sobre los derechos de & ldquoNatural Lords & rdquo muestran las credenciales que atestiguan sus servicios a la corona española. Los papeles fueron quemados públicamente. Don Carlos y sus familiares fueron acusados ​​de mantener contactos ilícitos con los Inka que se habían refugiado en Vilcabamba, en las tierras bajas orientales (Kubler 1946). Una veintena de herederos Pawllu Thupa & rsquos fueron juzgados por subversión durante el proceso, que duró muchos meses, los príncipes fueron mantenidos en corrales de animales, expuestos a los elementos. El testimonio se realizó en quechua a pesar de que muchos de los acusados ​​hablaban español, un mestizo, Gonzalo Gómez Ximénez, "interpretado" por el único registro que se lleva del proceso, a pesar de las continuas protestas de los acusados. La versión de Xim & eacutenez & rsquos de lo que habían & ldquoconfessed & rdquo se convirtió en la transcripción oficial. Los 'señores de la naturaleza' fueron condenados por Gabriel de Loarte a la pérdida de sus 'quotes' indios y de sus campos de hoja de coca, que fueron cedidos por Toledo a Loarte. Una veintena de Inka, entre ellos ancianos príncipes, don Carlos y varios niños, fueron deportados a pie a Lima. Desde allí se suponía que iban a ser enviados al exilio a México.

De los veinte, siete sobrevivieron. They were able to rally support from some of the judges at the Audiencia who were hostile to the viceroy. Toledo remained in the highlands for almost another decade, the only viceroy to devote such personal attention to the Andean population. He sponsored many institutional innovations some of them were consistent with ideas to end the Las Casas &ldquobenevolent&rdquo approach to Indian affairs, which he brought with him from court. He tried to put an end to the influence of Bishops Gerónimo de Loaysa of Lima and Domingo de Santo Tomás in Charcas, men from another era, who spoke Quechua and had earlier corresponded with Las Casas (Las Casas 1892).

Of the people Toledo consulted, the best informed were two Salamanca trained lawyers&mdashJuan de Matienzo and Juan Polo de Ondegardo&mdashwho gave him diametrically opposed advice. Matienzo, a crown justice at the Audiencia of Charcas, was frequently active away from his court. Even before Toledo&rsquos arrival in 1569, Matienzo had argued for the &ldquoextirpation&rdquo of the Inka lineage that had taken refuge in the forest at Vilcabamba. The high court in Lima was betting on a reduction policy, resulting in the conversion of the refugee princes and their resettlement at Cuzco. Matienzo thought such a policy was dangerous. Resettlement expanded the number of &ldquonatural lords&rdquoat Cuzco&mdasha loss of revenues for the Spanish crown and the threat implicit in an additional focus of traditional loyalty (Matienzo 1967). After Toledo&rsquos arrival, he and Matienzo formed an intimate alliance broken only by the judge&rsquos death in 1579.

Most of this material comes from the Justicia legajo 465, a three-volume manuscript record of the litigation in Mexico, Archivo General de Indias, Seville. Some of it is quoted by Roberto Levillier (1921&ndash26).


Matienzo had provided Toledo with a working understanding of the Andean system it was Matienzo who designed the rotative mita system for recruiting the Andean labor force for the silver mines at Potosí, which was based on the Inka mit&rsquoa set up for the state cultivation of maize (Wachtel 1982). All efforts now were directed to improve the revenues of King Philip&rsquos armies&mdashbe these active in Flanders or facing Constantinople by sea. Though trained at the same law school as Matienzo and proceeding from much the same social background, lawyer Polo de Ondegardo had a very different vision of the Andean world. One dimension of this perception was his much longer service in the region: he had arrived in 1540, some twenty years before Matienzo, at a time when Andean society was much closer to its aboriginal condition. He also never joined the court system, but held a variety of posts that brought him into daily contact with Andean realities: soldiering in the infantry, administering the newly discovered mines at Potosí, tracing the royal lineages at Cuzco, facing the dangers of lowland coca-leaf cultivation for highlanders, recognizing that ethnic groups resident at 3,800 m up in the Andes would also control people and fields at sea level. He noted the remarkable warehouse system continuously filled along the Inka highway in pre-Toledo times he was frequently consulted by viceroys and settlers alike.

He had no ideological difficulty in recognizing that the descendants of King Thupa or of Wayna Qhapaq were, according to European rights, &ldquonatural lords.&rdquo While the two Salamanca alumni avoided head-on collisions, Polo did turn down the nomination by Toledo to repeat as governor of Cuzco. Unhappy with many of the decrees issued by the viceroy, Polo composed a book-length memorandum addressed to Toledo:&ldquoa report about the premises which lead to the notable harm which follows when not respecting the fundamental rights of the Indians . . .&rdquo (Polo de Ondegardo 1916 [1571]).

In it he also argued against the resettlement policy dictated by Matienzo and Toledo: when resettled into compact reducciones, the ethnic groups were impoverished since they lost access to their outliers located at many faraway resource bases. Even should one want to make Christians of them, argued Polo, it is best to proceed taking into account their own &ldquoorder.&rdquo Further clarification of this transitional period in Andean history came through my recent, 1990&ndash91, &ldquodiscovery&rdquo in the Archive of the Indies in Sevilla of a large (3,000&ndashplus pages) set of files recording in detail the minutes of the trial at Cuzco of the &ldquonatural lord&rdquo don Carlos Inca. While this source had been quoted in print as early as the 1920s by the Argentine scholar Roberto Levillier (1921&ndash26, 7: 192&ndash193), it had remained Litigation over the Rights of &ldquoNatural Lords&rdquo Underutilized by anthropologists. It greatly expands our understanding of Cuzco social structure a generation after the invasion. There is much detail about the Kangaroo court run by Toledo and his chief aide, Judge Gabriel de Loarte. The doctor &ldquoinherited&rdquo the estates and subjects of the defendants. The later career of the interpreter, Gonzalo Ximénez, is also noted:a few years later he was burned at the stake in Charcas, accused of the pecado nefando, the abominable sin of homosexuality. The Inka princes had raised the issue unsuccessfully through out their &ldquotrial.&rdquo

While awaiting his fate in the Charcas jail,Ximénez is said to have expressed a desire to confess his perjury and to apologize for the harm done to don Carlos. Ximénez is alleged to have recorded this wish in writing. This confession has not been located in the Audiencia of Charcas papers Dr.Barros de San Millán, a judge at that royal court, is said to have expressed a lively, if suspect, interest in locating this document, without success.

Barros deserves the attention of anthropologists interested in Andean history.Trained at Salamanca, as were our two other lawyers, his American career spans close to thirty years, serving at the royal courts of Guatemala, Panamá, Charcas, and Quito. Our first notice of him in Andean scholarship reached us a few decades ago, when Waldemar Espinoza, a Peruvian colleague, published an Aviso, author unknown. It was a petition, signed by a dozen or so ethnic lords of Charcas (today Bolivia) (Espinoza Soriano 1969) addressed to the king, it seemed to be dated from a moment late in Toledo&rsquos reign. In it the Andean lords trace their lineages four or five generations back, when the Inka were alleged to have granted their ancestors lavish textiles and wives from court: &ldquoWe were the dukes and the marquesses of this realm.&rdquo

They offered to assume additional duties at the Potosí mines but did not care to be assigned only labor-recruiting duties. The argument that they were &ldquonatural lords&rdquo was now restated away from Cuzco and under new colonial circumstances. The author of the memorandum remained unidentified for decades. It was clear that he was familiar with both administrative procedures at the mines and with the ethnic map of the southern Andes he plainly enjoyed the trust of the Aymara lords.The memorandum has recently been the object of detailed study by a Franco-British team preparing a documentary collection to honor don Gunnar Mendoza, director of the National Archive of Bolivia.


Abstracto

At the time of European contact in Mexico, the small community of La Laguna lived on the edge of the altepetl of Tecoac, itself peripheral to the Tlaxcallan confederacy. Yet this area was historically important: after a battle at Tecoac, Cortés allied with the Tlaxcaltecas, who proved essential to the conquest. Archaeological materials from the site provide an opportunity to understand social dynamics on the periphery of an autonomous confederacy surrounded by the Aztec empire. This multi-method study of the small contact-period ceramic assemblage of La Laguna illuminates these dynamics. The wares are similar to those of the ethnically Nahua residents of central Tlaxcallan (approximately 30 km away), not to those of the neighboring Otomí ethnic minority. INAA shows all wares falling into one chemical group, but petrography shows two recipes, indicating possible access to multiple potters. These lines of evidence suggest strong connections to the markets of central Tlaxcallan. La Laguna was geographically peripheral, yet the styles, symbols, and pastes of their pottery shows that its rural inhabitants, described as fractious borderland Otomís by early colonial histories, were engaged with the economic and religious trends of Tlaxcallan and the Postclassic International World System.


Vivian h's List: Why did the spainians conquer the mesoamerican cultures?

Quetzalcoatl was a mythic god whom the Mexica saw as a tie to the earlier Toltec peoples from whom they claimed descent, there is little known evidence supporting a pre-Hispanic myth alleging his "return." Ironically, Cortés does not mention the alleged "god worship" episode in his letters to King Charles V of Spain. He may not even have known about it.

e sent two men, Pedro de Alvarado, and Bernardino Vázquez de Tapia, on foot (he did not want to spare any horses), directly to Tenochtitlan, as ambassadors. On October 12, 1519, Cortés and his men, accompanied by about 3,000 Tlaxcalteca, marched to Cholula.

so hes turning aztec cultur into the cathlic culture. interesting!

Cortés' response was arguably one of the most daring of his many exploits. Some describe it as absolutely reckless but he really had few other options. If arrested and convicted, he could have been executed. Leaving only one hundred and forty men under Pedro de Alvarado to hold Tenochtitlan, Cortés set out against Narvaez, who had nine hundred soldiers, whereas Cortés, reinforced as he approached the coast, mustered about two hundred and sixty. With this much smaller force, Cortés surprised his antagonist by means of a night attack during which Cortés' men took Narváez prisoner.

Why did he leave when he couldnt trust the people he was leaving his city with?


The Changing Nature of Cacique Status

Over the century-and-a-half that provides the context for this study, the status of cacique in colonial Tecali displayed a number of constant features. From the arrival of the Spanish through the entire period, the term never lost its generalized meaning of Indian noble. Caciques were noble Indians who owned land (or at least had potential rights to land ownership) and ran the municipal government, under the watchful eyes of Spanish civil and ecclesiastical officials. During much of the colonial period, caciques also enjoyed rights to the labor of terrazgueros, though these diminished with time. Succession to cacique status was primarily by descent, through either males or females, though marriage ties also conferred certain rights, especially for husbands. Ownership of cacicazgo land was vested in lineage groups, not persons, despite the Spanish preference for individualized private property. Indeed, it was the cacicazgo estates that kept the kin groups together and made cacique status desirable to maintain. And, of course, cacique status brought legal recognition from the state and freedom from tribute. Some of these elements had been appropriated from the colonial state others derived from Nahua culture and provided clear links with the pre-Hispanic past.

Yet it is also clear that, at least by the eighteenth century, caciques had ceased to appeal to the pre-Hispanic past to bolster their legitimacy. Their genealogical knowledge (insofar as the available documentation reveals it) extended not much farther back than the 1590s, when the colonial cacicazgos were formed and even those years were beyond many nobles’ recollection. Caciques and cacicazgos had undeniable roots in Nahua culture, but this was a living, evolving culture, not a fossilized relic that ceased to exist after the Spanish conquest. Modern scholars therefore must avoid viewing these colonial nobles as heirs to a “pristine” past or as “vestiges” of preconquest times. 77 This was certainly not how they saw themselves.

Thus, despite the continuities, the changing nuances of cacique status were just as important. The Spanish conquest gave rise to classes of landowning nobles and landless commoners. Contradictions in government policy and the ready accessibility of Spanish courts ensured that tensions between the two classes would run high. The caciques became a rentier class, the majority living off what their terrazgueros produced. Challenges to cacique status before the 1770s came mainly from below macehuales and their pueblos wanted land, and in the jurisdiction of Tecali they could obtain it only at the caciques’ expense. Conflict gave rise to class consciousness on both sides, which reached its peak in the uprising of 1735.

Beginning in the early years of the eighteenth century, however, other forces emerged, bearing profound consequences for cacique identity. Increased literacy in Spanish and commercial and political relations with the Spaniards fostered greater acculturation. Although relatively few Tecali caciques or cacicas actually married Spaniards, mestizaje became more common after 1767. And although they may have taken these changes for granted at the time, caciques still had to resist open identification with castas to preserve their noble privileges and their birthright. A kind of ethnic consciousness thus came to supersede and, for some, to replace class consciousness. Because caciques, moreover, were now economically a diverse lot, they expressed their unity increasingly in ethnic terms. Their class position in relation to commoners had purely local significance, but their ethnic status as Indian caciques commanded a wider sphere of influence and a more diverse audience of non-Indians.

Of all the various racial and ethnic statuses that existed in New Spain, that of the late colonial cacique was perhaps the most ambiguous. Only caciques had good reasons for resisting identification both with those below them (Indian commoners) and those above them (mestizos) in the Spanish sistema de castas. What Tecali reveals is a gradual transformation of an elite, over a period of about 70 years, from a landowning class to an increasingly heterogeneous, multiclass group defined more in ethnic terms.

More remains to be learned about how exclusive a group the Tecali caciques were and how deeply any upwardly mobile macehuales penetrated their ranks. Though cacique endogamy was significant at all times in Tecali’s colonial past, slightly more than 55 percent of cacique unions between 1672 and 1766 involved marriage to macehuales. (The percentage dropped to 41 in the period 1767-1823, reflecting the widening cultural distance between nobles and commoners and a rise in marriages to mestizos.) The number of surnames used by noble families also expanded somewhat over time. By the late colonial period, caciques and macehuales sometimes shared the same names (Santiago, for example). Genealogical research remains to be done, but it is likely that commoners’ “infiltration” of the cacique ranks occurred mainly through intermarriage and was confined to those poor, peripheral noble families who controlled little or no land and possessed little more than the noble title itself.

The cacique “power elite,” the core group that dominated the municipal council and most of the land, appears to have been remarkably impervious to incursions from below. In the large amount of documentation this study surveyed, hardly ever did enemies accuse a cacique of being of macehual extraction. (The charge of mestizo ancestry was much more common.) Nor could noble status be achieved through political office, as was sometimes possible elsewhere in late colonial Mexico. 78 Proper kinship and descent ties were the all-important roads to noble status in Tecali, and it appears that the core cacique group remained quite exclusive during the entire colonial period.

A final issue is that of representativeness. How far can the pattern described for Tecali be generalized? The indigenous elite portrayed here differs in many respects from the regional variants in northern Yucatán and Oaxaca. The class characteristics of Tecalis elite make it more comparable to the “economic elites” of the Valley of Oaxaca and Mixteca Alta yet Tecalis cacicazgos were not at all like those in Oaxaca, nor were its nobles as well integrated into the colonial mercantile economy. Tecalis elite may be characterized as confrontational, in that its members actively asserted their status as caciques and did so from a position of strength based on cacicazgo ownership. 79 This characterization applies best to the middle period addressed here, 1716 to 1766, when cacique identity and control of land and terrazgueros were most closely associated. Yet even in later years, as increasing numbers of nobles lost the competition for land, they continued boldly to assert their cacique status. Descent and family honor were still important reasons to seek public recognition of one’s ties to the traditional, if now fading, landholding elite. The alternatives, to join the ranks of the macehuales or the mestizos, were equally unpalatable those choices would have drawn scorn from family members and relatives.

It remains to be seen how much of this pattern applies to other parts of Nahua central Mexico. Differences with late colonial Cuernavaca have already been noted: the cacique label was used more sparingly there, and apparently lacked the historical association with landholding that it had in Tecali. The two known cacicazgos in the Cuernavaca jurisdiction appear to have been much larger than any in Tecali. 80

The contrast between Cuernavaca and Tecali may well be related to significant differences in preconquest social structure. Lockhart has recently observed that in Cuernavaca and elsewhere in the “western” Nahua region, the calpulli was predominant and most of the inhabitants were ordinary macehualtin, not dependent directly on individual lords. In much of the “eastern” Nahua region, however, the patrimonial teccalli was more influential, and the majority of the macehualtin might be landless and “special dependents” of nobles (as they were in Tecali). 81 This is a fruitful lead for future comparative research, but other factors surely were also at work in the late eighteenth century.

A tribute roster from about 1800 shows that while recognized cacique household heads were still common throughout New Spain, their numbers could fluctuate dramatically, even from one town to another. In the Provincia de Puebla, the Partido de Tecali —the smallest in the province—topped the list with 63 caciques, while the neighboring jurisdiction of Amozoc had only 10. The similarly close Partido de Tepeaca, covering a much larger area than that of Tecali, had no caciques listed at all. Numbers of caciques listed in other Puebla partidos ranged from none (in Chautla, Chietla, Huauchinango, Huayacocotla, Izucar and Ahuatlan, Tetela de Xonotla, Tochimilco, and Zacatlan) to 48 (in the Partido de Puebla, which included the city). In the Provincia de México, to mention just a few partidos, Teotihuacan had 2 caciques, Mexico City had 19, Queretaro had 116, and Tlaxcala a whopping 241, reflecting, no doubt, the special privileges granted to descendants of those who had assisted the Spaniards in the conquest three centuries earlier. 82

While Tlaxcala may be a special case, the meaning of this terminological variation is far from certain, and more local studies are needed to put such gross statistics in perspective. In more general terms, however, Tecali exemplified a trend toward “status inflation” that was present in widely disparate parts of rural Mexico at the close of the eighteenth century. The proliferation of principales in the Sierra Zapoteca, mentioned earlier, is a case in point. Likewise, in the Mixteca Alta, the number of people who identified themselves as caciques was on the increase long after cacicazgos in the region had gone into decline. 83

These examples suggest that historians of New Spain (the Maya area seems to have been different) have been too quick to measure the significance of native elites according to the rise and decline of their cacicazgo estates. Noble property and access to labor surely did “decline,” but this term does not accurately portray the fate of elite status itself in the late colonial period, as cases like Cuernavaca and Tecali make clear. Local definitions of noble status were changing in ways that remain only partially understood. El término reconstitution might best capture the general nature of the process. Promoted by increasing levels of Hispanization, the reconstitution of village elites was a process of cultural syncretism that appropriated aspects of the state’s image of a subject native elite and fused them with local indigenous traditions. As the case of Tecali shows, this process had a salient ethnic dimension, and it was still continuing at the time of independence.

The following abbreviations are used for archival material: Archivo General de Indias, Seville (AGI) Archivo General de la Nación, Mexico City (AGN) Archivo General de Notarías del Estado de Puebla (AGNP) Archivo Municipal de Cuauhtinchan (AMC) Archivo Municipal de Tecali (AMT) Archivo Parroquial de Tecali (APT) Archivo Judicial de Puebla, microfilm collection of the Museo Nacional de Antropología e Historia, Mexico City (AJP-MNAH) and Archivo Judicial de Tecali in the same microfilm collection (AJT-MNAH).

An earlier version of this paper was presented at the annual meeting of the American Society for Ethnohistory in Tempe, Arizona, November 10-13, 1994. Research was funded by a grant from the National Science Foundation. I wish to thank Frederic Hicks and Stephen Perkins for their comments on the meeting paper, and Perkins, Michael Barton, and Julia Hernández de Chance for their help with the transcription and tabulation of Tecalis marriage records. Special thanks go to two anonymous HAHR reviewers.

El término cacique, of Arawak origin, was widely used by Spaniards in the New World and was initially applied to successors of pre-Hispanic rulers or ruling families. Principales could be relatives of caciques, successors of the pre-Hispanic second-echelon nobility (such as the Nahua pipiltin), or political officeholders and their successors. Pedro Carrasco, “La transformación de la cultura indígena durante la colonia,” Historia Mexicana 25 (1975), 182.

The classic conceptualization of caciques as brokers can be found in Eric R. Wolf, “Aspects of Group Relations in a Complex Society: Mexico,” American Anthropologist 58 (1956), 1065-78. Important substantive contributions on sixteenth-century Mesoamerican caciques and Indian village elites in general are numerous. Special influences on the present research include Charles Gibson, The Aztecs Under Spanish Rule: A History of the Indians of the Valley of Mexico, 1519-1810 (Stanford: Stanford Univ. Press, 1964) Delfina E. López Sarrelangue, La nobleza indígena de Pátzcuaro en la época virreinal (Mexico City: UNAM, 1965) Ronald Spores, The Mixtec Kings and Their People (Norman: Univ. of Oklahoma Press, 1967) idem, The Mixtecs in Ancient and Colonial Times (Norman: Univ. of Oklahoma Press, 1984) William B. Taylor, Landlord and Peasant in Colonial Oaxaca (Stanford: Stanford Univ. Press, 1972) Carrasco, “La transformación” Carrasco, Johanna Broda, et al., eds., Estratificación social en la Mesoamérica prehispánica (Mexico City: INAH, 1976) Judith Francis Zeitlin, “Ranchers and Indians in the Southern Isthmus of Tehuantepec: Economic Change and Indigenous Survival in Colonial Mexico,” HAHR 69:1 (Feb. 1989), 23-60 Zeitlin and Lillian Thomas, “Spanish Justice and the Indian Cacique: Disjunctive Political Systems in Sixteenth-Century Tehuantepec,” Ethnohistory 39:3 (1992), 285-315 Nancy M. Farriss, Maya Society Under Colonial Rule: The Collective Enterprise of Survival (Princeton: Princeton Univ. Press, 1984) Kevin Gosner, “Las elites indígenas en los Altos de Chiapas, 1524-1714,” Historia Mexicana 33:4 (1984), 405-23 idem, Soldiers of the Virgin: The Moral Economy of a Colonial Maya Rebellion (Tucson: Univ. of Arizona Press, 1992) James Lockhart, The Nahuas After the Conquest: A Social and Cultural History of the Indians of Central Mexico, Sixteenth Through Eighteenth Centuries (Stanford: Stanford Univ. Press, 1992) Robert S. Haskett, “Living in Two Worlds: Cultural Continuity and Change Among Cuernavaca’s Colonial Indigenous Ruling Elite,” Ethnohistory 35:1 (1988), 34- 59 idem, Indigenous Rulers: An Ethnohistory of Town Government in Colonial Cuernavaca (Albuquerque: Univ. of New Mexico Press, 1991).

Gibson, Aztecs Under Spanish Rule, 161-62.

See, e.g., William B. Taylor, Drinking, Homicide, and Rebellion in Colonial Mexican Villages (Stanford: Stanford Univ. Press, 1979), 20 Marcello Carmagnani, “La ricostituzione delle nazioni indi: il governo etnico nell’area de Oaxaca nel’700,” Quademi Storici 45 (1980), 1027- 45 Eric Van Young, “Conflict and Solidarity in Indian Village Life: The Guadalajara Region in the Late Colonial Period,” HAHR 64:1 (Feb. 1984), 55-79 Nancy M. Farriss, “Indians in Colonial Yucatán: Three Perspectives,” in Spaniards and Indians in Southeastern Mesoamerica: Essays on the History of Ethnic Relations, ed. Murdo J. MacLeod and Robert Wasserstrom (Lincoln: Univ. of Nebraska Press, 1983), 1-39 and John K. Chance, “Colonial Ethnohistory of Oaxaca,” in Supplement to the Handbook of Middle American Indians, vol. 4, ed. Victoria R. Bricker and Ronald Spores (Austin: Univ. of Texas Press, 1986), 165-89.

This topic is treated in more detail in John K. Chance, “Indian Elites in Late Colonial Mesoamerica,” in Caciques and Their People: A Volume in Honor of Ronald Spores, ed. Joyce Marcus and Judith Francis Zeitlin, Anthropological Papers no. 89 (Ann Arbor: Museum of Anthropology, Univ. of Michigan, 1994), 45-65.

Farriss, Maya Society, chap. 8.

John K. Chance, Conquest of the Sierra: Spaniards and Indians in Colonial Oaxaca (Norman: Univ. of Oklahoma Press, 1989), chap. 5.

Lockhart, Nahuas After the Conquest, 117.

See Solange Alberro, “Inquisition et société: rivalités de pouvoirs à Tepeaca (1656- 1660),” Annales, Economies, Sociétés, Civilisations 36:5 (1981), 758-84 Serge Gruzinski, Man- Gods in the Mexican Highlands: Indian Power and Colonial Society, 1550-1800 (Stanford: Stanford Univ. Press, 1989), chap. 5 Robert S. Haskett, “Indian Town Government in Colonial Cuernavaca: Persistence, Adaptation, and Change,” HAHR 67:2 (May 1987), 228 idem, “Living in Two Worlds,” 35-42 idem, Indigenous Rulers James Lockhart, Introduction to Provinces of Early Mexico: Variants of Spanish American Regional Evolution, ed. Ida Altman and Lockhart (Los Angeles: UCLA Latin American Center, 1976), 21 idem, “Views of Corporate Self and History in Some Valley of Mexico Towns: Late Seventeenth and Eighteenth Centuries,” in The Inca and Aztec States, 1400-1800: Anthropology and History, ed. George A. Collier, Renato I. Rosaldo, and John D. Wirth (New York: Academic Press, 1982), 367-93 Cheryl English Martin, Rural Society in Colonial Morelos (Albuquerque: Univ. of New Mexico Press, 1985), chap. 7 Taylor, Drinking, Homicide, and Rebellion, 21 John M. Tutino, “Creole Mexico: Spanish Elites, Haciendas, and Indian Towns, 1750-1810” (Ph.D. diss., Univ. of Texas, Austin, 1976), 270 idem, “Provincial Spaniards, Indian Towns, and Haciendas: Interrelated Agrarian Sectors in the Valleys of Mexico and Toluca, 1750-1810,” in Altman and Lockhart, Provinces of Early Mexico, 182 and idem, “Agrarian Social Change and Peasant Rebellion in Nineteenth-Century Mexico: The Example of Chaleo,” in Riot, Rebellion, and Revolution: Rural Social Conflict in Mexico, ed. Friedrich Katz (Princeton: Princeton Univ. Press, 1988), 100-102. Arij Ouweneel argues that in many parts of eighteenth-century central Mexico, the indigenous gobernador still ruled the pueblo as a kind of lordship modeled on the pre-Hispanic tlahtocayotl. “From Tlahtocayotl para Gobernadoryotl: A Critical Scrutiny of the Characteristics of Indigenous Rule in Eighteenth-Century Central Mexico,” American Ethnologist 22:4 (1995), 756-85. See also Chance, “Indian Elites,” 50.

For the Valley of Oaxaca and Mixteca Alta, see Taylor, Landlord and Peasant Rodolfo Pastor, Campesinos y reformas: la mixteca, 1700-1856 (Mexico City: El Colegio de México, 1987) and Kevin Terraciano, “Nudzahui History: Mixtec Writing and Culture in Colonial Oaxaca” (Ph.D. diss., Univ. of California, Los Angeles, 1994).

Guido Munch G., El cacicazgo de San Juan Teotihuacan durante la colonia (1521-1821) (Mexico City: INAH, 1976).

Haskett, Indigenous Rulers, 172.

Lockhart, Nahuas After the Conquest, 102.

The original marriage records are housed in APT. Research for this study used microfilm copies made by the Church of Jesus Christ of Latter-Day Saints and deposited in the AGN, Fondo de Genealogía y Heráldica. I worked principally with the informaciones matrimoniales on rolls J.I.T. 3712-20 and J.I.T. 3727-39. Records are missing for the years 1691-92, 1803-4, 1807, and 1810-14.

In Nahuatl documents, Tecali is always referred to as Tecallimapan. In the sixteenth century it was also known (in Spanish) as Santiago Tecalco.

Mercedes Olivera, Pillis y macehuales: las formaciones sociales y los modos de producción de Tecali del siglo XII al XVI (Mexico City: Casa Chata, 1978), 73-74.

AJT-MNAH, roll 1, exp. 34. Peter Gerhard states that the Tecali district split off from the alcaldía mayor of Tepeaca in 1664. A Guide to the Historical Geography of New Spain, 2d ed. (Norman: Univ. of Oklahoma Press, 1993), 255. That arrangement, however, proved only short-lived. A few years later, Tecali was reattached to the Tepeaca jurisdiction and remained so until 1726.

Olivera, Pillis y macehuales, 61-122, 168.

Ibid., 201. Tecali was not unique other nobles in the Valley of Puebla received title to their lands at about the same time. Rik Hoekstra, Two Worlds Merging: The Transformation of Society in the Valley of Puebla, 1570-1640 (Amsterdam: CEDLA, 1993), 100.

Roberto García Moll, “Distribución de lenguas indígenas en el Estado de Puebla en el siglo XIX,” Tlalocan 5:2 (1966), 97-108.

Lockhart, Nahuas After the Conquest, 117 APT, Libros de matrimonios for 1572- 74, 1583-94, and 1609-33. The sources for the Nahuatl wills are AJT-MNAH, roll 3, exp. 101 (1616) AGN, Tierras 500, exp. 4 (1629), Tierras 1449, exp. 7 (1654, 1683) AGNP, Protocolos de Tepeaca, caja 11, exp. 4 (1656) AGN, Tierras 2730, exp. 2 (1706) AJT-MNAH, roll 1, exp. 44 (1718), roll 2, exp. 95 (1737) AGN, Tierras 1216, exp. 2 (1737) AJT-MNAH, roll 3, exp. 102 (1748).

E.g., Juan García Chichimecateuctli, head of the teccalli of Chichimecatecpan in the 1580s. Olivera, Pillis y macehuales, 106.

The court-ordered Spanish translation of the 1706 will renders the phrase pilli tlatohuani como cacique principal. AGN, Tierras 2730, exp. 2, fol. 36.

Chance, Conquest of the Sierra, 137-46.

Hoekstra states that in the Valley of Puebla in the early colonial period the terms cacique y principal referred to different groups of people. While members of both groups became impoverished in the late sixteenth century, Hoekstra notes that the caciques were more successful in maintaining their noble status. Two Worlds Merging, 220.

See APT, Libros de matrimonios.

Lockhart, Nahuas After the Conquest, 133.

Olivera, Pillis y macehuales, 164. Hoekstra estimates that nobles accounted for about 10 percent of the indigenous population in the Valley of Puebla in the late sixteenth and early seventeenth centuries. Two Worlds Merging, 197.

AGI, Indiferente General 108, tomo 3, fols. 161v-87. The figure for the cabecera given by José Antonio Villaseñor y Sánchez, who also used these reports, is an error. He also omits the count for the pueblo of San Juan. Villaseñor y Sánchez, Theatro americano: descripción general de los reynos, 2 vols. (Mexico City: Editora Nacional, 1952), 2:321-22.

AGN, Tierras 1865, exp. 4, fols. 6v-7v.

The decrease in the number of marriages in the third period, 1767-1823, stems partly from the absence of data for eight years after 1800. Even so, a steady decline in the number of marriages performed in each decade—the 1770s (281), the 1780s (193), and the 1790s (171) — indicates that Tecali was indeed shrinking.

Haskett, Indigenous Rulers, 133-35 Chance, Conquest of the Sierra, 137-46.

Gerhard, Guide to the Historical Geography of New Spain, 255.

Olivera, Pillis y macehuales, 139-46, 190 John K. Chance, “The Barrios of Colonial Tecali: Patronage, Kinship, and Territorial Relations in a Central Mexican Community,” Ethnology, forthcoming.

The fundamental unity of the cacique group following the land grants conforms quite well to the Marxist relational definition of class: people who share a common position within the social relations of production. See Erik Olin Wright, “Varieties of Marxist Conceptions of Class Structure,” Politics and Society 9:3 (1980), 323-70.

See Gibson, Aztecs Under Spanish Rule, 257-99 Lockhart, Nahuas After the Conquest, 142-56.

Ursula Dyckerhoff, “Colonial Indian Corporate Landholding: A Glimpse from the Valley of Puebla,” in The Indian Community of Colonial Mexico: Fifteen Essays on Land Tenure, Corporate Organizations, Ideology, and Village Politics, ed. Arij Ouweneel and Simon Miller (Amsterdam: CEDLA, 1990), 40. For more on Tecali, see Olivera, Pillis y macehuales, 195- 96. Noble monopoly of land was also common in other communities of centra] Puebla, such as Cuauhtinchan and Tepeaca. See Pedro Carrasco, “Las tierras de dos indios nobles de Tepeaca en el siglo XVI,” Tlalocan 4 (1963), 97-119 idem, “Más documentos sobre Tepeaca,” Tlalocan 6 (1969), 1-37 Hildeberto Martínez, Tepeaca en el siglo XVI: tenencia de la tierra y organización de un señorío (Mexico City: Casa Chata, 1984) Luis Reyes García, Cuauhtinchan del siglo XII al XVI: formación y desarrollo histórico de un señorío prehispánico (Wiesbaden: Franz Steiner Verlag, 1977).


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